En dÃas pasados, más de veinte exmagistrados de las altas cortes y experimentados abogados, en una declaración detallada, rechazaron que Abelardo de la Espriella fuera candidato a la presidencia de Colombia, por haber jurado ser ciudadano norteamericano.
Dicho juramento obliga a De la Espriella, so pena de sanciones legales en Estados Unidos si lo viola, a defender, como presidente de Colombia, primero que todo, no los intereses colombianos, sino los norteamericanos.
Este fue el texto que De la Espriella juró cumplir en EE. UU.:
“Por la presente declaro, bajo juramento, que renuncio absoluta y enteramente y abjuro de toda lealtad y fidelidad a cualquier prÃncipe, potentado, estado o soberanÃa extranjera, de quien o de los que hasta ahora he sido súbdito o ciudadano; que apoyaré y defenderé la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de América contra todos los enemigos, extranjeros y nacionales; que tendré verdadera fe y lealtad a la misma; que llevaré las armas en nombre de los Estados Unidos cuando lo exija la ley; que realizaré servicio no combatiente en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos cuando lo exija la ley; que realizaré trabajos de importancia nacional bajo dirección civil cuando asà lo exija la ley; y que asumo esta obligación libremente, sin ninguna reserva mental ni propósito de evasión; asà que ayúdame Diosâ€.
Es fácil demostrar que pueden darse contradicciones antagónicas entre los intereses de Colombia y los de Estados Unidos. Por ejemplo, basta recordar que, violando el TLC firmado con Colombia, el presidente Donald Trump aumentó los aranceles a las exportaciones colombianas hacia EE. UU.
Es tan inadmisible que el presidente de Colombia pueda ser estadounidense que lo cuestiona hasta el senador norteamericano Bernie Moreno. El presidente De la Espriella queda obligado a respaldar a EE. UU. hasta en sus polÃticas más agresivas contra Colombia, como la de Donald Trump, que consagra, en “el corolario Trump a la Doctrina Monroeâ€, América para los norteamericanos.
Ante estas realidades, los colombianos debemos exigirle a Abelardo de la Espriella que renuncie a la ciudadanÃa de EE. UU., como tuvo que hacerlo Luis Gilberto Murillo con la suya para poder posesionarse como embajador de Colombia en Washington. Asà se lo exigió el gobierno norteamericano, que no le permitió ser, al mismo tiempo, ciudadano estadounidense y representante de los intereses colombianos.
Si Abelardo de la Espriella se empecina en ser, al mismo tiempo, presidente de Colombia y ciudadano norteamericano, corre el riesgo de que esa decisión lo obligue a responder a acusaciones por el delito de traición a la patria, tipificado en la Ley 599 de 2000.
Bogotá, 4 de julio de 2026




