El Consejo Nacional Electoral mediante el escrutinio consolidó los resultados que en el preconteo del 21 de junio de 2026 arrojaron como ganador de la Presidencia de Colombia al derechista Abelardo de La Espriella. Su elección es producto del pésimo Gobierno de Gustavo Petro por: Sus promesas incumplidas; el desastre del sistema de salud; el fracaso de la Paz Total –que sumió al país en una ola de violencia–; su posición postrada ante el gobierno de EEUU; la espiral de impuestos –reforma tributaria e incremento de los combustibles–; la asquerosa corrupción de sus “amigotes”, a los cuales les mantuvo un silencio cómplice y la delirante transición energética extrema, que casi acaba con Ecopetrol, además de sus alucinaciones y peroratas.
El Gobierno de Petro llega a la antesala de las elecciones con un país hastiado por la traición de un cambio que se convirtió en frustración, lo cual comenzó a equilibrar utilizando los recursos del Estado, a través de contratos de trabajo, Órdenes de Prestación de Servicios, la repartija de plata a manos llenas a sectores que se dejaron corromper como algunas Juntas de Acción Comunales, organizaciones sindicales e indígenas, oenegés, corporaciones, fundaciones, etc., y un enorme gasto en contratación publicitaria. La corrupción que es la utilización de los recursos del Estado en beneficio propio fue constante en el Gobierno Petro. Como lo hacen “los mismos con las mismas”, a punta de corrupción estuvo a punto de reelegirse en cuerpo ajeno.
Los colombianos deben tener claro que el Gobierno de Petro nunca fue de izquierda; él mismo, en algún arrebato de sinceridad, lo reconoció el 6 de septiembre de 2021 en El Tiempo: “Gustavo Petro habló sobre la campaña de 2022 y dice que no es de izquierda. ‘Es que yo ya no divido la política entre izquierdas y derechas, como se hacía en el siglo XX. En ese momento yo fui un joven de izquierda (…) La política en el siglo XXI está atravesada por otra inquietud diferente (…) Hay dos grandes campos que son la política de la vida y la de la muerte’”, afirmó. A Petro, la izquierda le apesta, solo la utilizó por conveniencia, por mostrarse como un “falso profeta”, de ahí su propensión a destruir proyectos que sean de verdadera izquierda. La izquierda no es funcional a ningún imperialismo, propende por la soberanía y la autodeterminación nacionales y no se constituye en su agente como lo hizo Gustavo Petro; además, la izquierda hace autocrítica, todo lo contrario, al aún presidente de Colombia.
Ahí encuentran la razón de su comportamiento, pues las personas que adoptan políticas de derecha, como el presidente Petro, confunden los métodos de la utilización de la violencia con los utilizados por la izquierda, que son ampliamente democráticos; tampoco acuden a la autocrítica: nunca vieron los colombianos al presidente Petro asumiendo sus irresponsabilidades, ni respondiendo por la corrupción de sus correligionarios, ni por sus errores y equivocaciones. ¡Su palabra es palabra de Cristo! Y nadie lo hace entrar en razón. ¡Que lo digan los damnificados de su “amistad”!
Ahora la culpa de su estruendosa derrota es del proceso electoral, el mismo que lo llevó a él a ser elegido en diversos cargos de elección popular y ganarse cerca de $100 mil millones de pesos en reposición, uno de los colombianos que más ha usufructuado del Estado; y de paso, culpa a quienes tuvieron el valor de ser independientes y votaron, con toda razón, en blanco. ¡Entre los dos candidatos no había de dónde escoger!




