La Injerencia de EE. UU. en Colombia exige unidad nacional

por Mauro Dimorko Ruiz Villanueva | Jul 2, 2026 | Qué está pasando

La injerencia de EE. UU. en Colombia no solo es de hoy con Trump, sino que ha sido histórica y constante. La elección de De la Espriella la expone sin maquillaje.

 A la abierta intervención de Trump en la elección de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia se le suma el hecho de que quien será presidente a partir del próximo 7 de agosto es ciudadano de los Estados Unidos. Al obtener la nacionalidad del país del norte, De la Espriella hizo un juramento que le implicó renunciar “absoluta y completamente a toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjeros, de los cuales haya sido súbdito o ciudadano”.

Es totalmente contradictorio e inaceptable que un presidente que ganó las elecciones pregonando defender la patria colombiana deba guardar lealtad y fidelidad a un país extranjero. Por esta razón crece día a día un notorio rechazo a la injerencia de EE. UU. en los asuntos internos de Colombia y se alzan voces que exigen que, para posesionarse como presidente de la República, De la Espriella debe renunciar a su nacionalidad estadounidense.

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La injerencia en asuntos internos de otros países y a favor de sus propios intereses es una política bipartidista en EE. UU., que viene de mucho tiempo atrás y que en Colombia ha contado con la complicidad de los presidentes que han gobernado desde comienzos del siglo XX hasta hoy, incluido Gustavo Petro. De ello dan cuenta hechos históricos como la separación de Panamá, la Misión Kemmerer, la Masacre de las Bananeras, la injerencia en asuntos como la explotación del petróleo con las concesiones De Mares y Barco vendidas a la Tropical Oil Company y a la COLPET y después a GULF respectivamente, la Alianza Para el Progreso o el Plan ATCON para la educación pública, la adaptación de toda la institucionalidad colombiana al Consenso de Washington o el Plan Colombia; todas intervenciones de EE. UU. en Colombia.

La injerencia no ha cesado a la fecha y esto se refleja en hechos más recientes como la firma y ejecución del TLC con EE. UU. que es el principal entre los que hemos firmado y se mantiene pese a los constantes incumplimientos por parte de ese Estado, integración de Colombia a la OTAN como “socio global”, presencia militar estadounidense en la Amazonía colombiana, el ingreso de Colombia a la OCDE, la presencia militar gringa en bases militares colombianas, la construcción de una base militar al servicio de la táctica geopolítica de EE. UU. en el santuario ecológico de Gorgona, o el hecho de que Colombia sacrifique su soberanía energética al dejar de explorar y extraer gas para dedicarse a importarlo principalmente de EE. UU. y así ayudarle a solucionarle su problema de excedentes.  

Manifestación con cartel contra el Fondo Monetario Internacional durante una protesta pública

La injerencia favorece siempre a EE. UU. y perjudica a Colombia

Otro de los frentes de intervención por parte de EE. UU. en la economía nacional deriva del chantaje de la deuda pública, mediante el cual, Colombia siempre necesita de préstamos para financiarse y organismos como el Banco Mundial o el FMI siempre están presentes para prestar a cambio de concesiones de todo tipo que favorezcan a multinacionales, fondos de inversión y a los mismos EE. UU. No es poco que, como lo ha denunciado el ex senador Jorge Robledo, el FMI lleve más de 80 años orientando la política colombiana, y que, mientras seguimos a punto de ahogarnos en la pobreza, el hambre y el subdesarrollo, esa entidad sea insistente en felicitar la macroeconomía colombiana y en la propuesta de profundizar sus medidas.  

Todos los hechos anteriores han sido permitidos por los gobiernos de Gustavo Petro, Iván Duque, Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe y por sus predecesores y todos han significado enormes trabas para el desarrollo económico, político y social para Colombia y ninguno de los dos candidatos en segunda vuelta, Abelardo de la Espriella hoy electo, ni Iván Cepeda, plantearon ni propusieron nada que contradijera esta intervención.

Particular escozor genera que las primeras relaciones de los gobiernos electos son con funcionarios de EE. UU. Hagamos referencia a los dos últimos casos: Abelardo de la Espriella, una vez elegido, se comunicó con funcionarios estadunidenses e incluso con el mismo Donald Trump, práctica que no fue diferente a la de su predecesor, quien justo después de ser elegido habló con Joe Biden, entonces presidente de EE. UU. y antes de posesionarse, se reunió con el embajador de EE. UU. en Colombia.

Donald Trump junto a mandatarios latinoamericanos durante una reunión internacional

Las estrategias de Seguridad

Para convencerse de todo lo anterior, basta leer la  Estrategias de Seguridad Nacional de Biden y de Trump: La primera, señala que: “Aunque el entorno internacional se ha vuelto más conflictivo, Estados Unidos sigue siendo la principal potencia mundial. Nuestra economía, nuestra población, nuestra innovación y nuestro poder militar continúan creciendo, a menudo superando a los de otros países grandes. Nuestras fortalezas nacionales intrínsecas —el ingenio, la creatividad, la resiliencia y la determinación del pueblo estadounidense; nuestros valores, diversidad e instituciones democráticas; nuestro liderazgo tecnológico y dinamismo económico; y nuestro cuerpo diplomático, profesionales del desarrollo, comunidad de inteligencia y fuerzas armadas— siguen siendo inigualables. Tenemos experiencia en el uso y la aplicación de nuestro poder en combinación con nuestros aliados y socios, quienes contribuyen significativamente a nuestras propias fortalezas. Hemos aprendido tanto de nuestros fracasos como de nuestros éxitos. La idea de que debemos competir con las grandes potencias autocráticas para moldear el orden internacional goza de un amplio apoyo bipartidista en el país y cada vez mayor en el extranjero”. 

Por su parte, la Estrategia de Seguridad de Donald Trump, que se ufana de expresar el corolario Trump a la Doctrina Monroe, establece: “Estados Unidos conserva la posición más envidiable del mundo, con activos, recursos y ventajas líderes a nivel mundial, entre los que se incluyen:

  •         Un sistema político aún ágil que puede rectificar el rumbo;
  •         La economía más grande e innovadora del mundo, que a la vez genera riqueza que podemos invertir en intereses estratégicos y nos proporciona influencia sobre los países que desean acceder a nuestros mercados;
  •         El sistema financiero y los mercados de capitales líderes del mundo, incluidos los estatus del dólar como moneda de reserva mundial; los más avanzados, innovadores y rentables del mundo;
  •         El sector tecnológico, que sustenta nuestra economía, proporciona una ventaja cualitativa a nuestras fuerzas armadas y fortalece nuestra influencia global;
  •         El ejército más poderoso y capaz del mundo;
  •         Una amplia red de alianzas, con aliados y socios mediante tratados en las regiones de mayor importancia estratégica del mundo;
  •         Una geografía envidiable con abundantes recursos naturales, sin competencia de potencias físicamente dominantes en nuestro hemisferio, fronteras sin riesgo de invasión militar y otras grandes potencias separadas por vastos océanos;
  •         Un “poder blando” e influencia cultural sin parangón; y
  •         El coraje, la fuerza de voluntad y el patriotismo del pueblo estadounidense.”

¿En qué coinciden ambas estrategias?

Dicen que los Estados Unidos debe mantener su hegemonía política, económica y cultural en el mundo, coinciden en que China es su principal enemigo y en que América Latina toda y el hemisferio debe someterse a su estrategia hegemonista. ¿En qué se diferencia? En algunos matices como el discurso, algunos aspectos de coyuntura y las excusas con que lo justifican. Lo mismo que los gobiernos colombianos: cada cual tiene una excusa diferente para someterse, entre ellos, la lucha contra las guerrillas, la lucha contra el narcotráfico, la paz, el cambio climático, entre otros.

Se concluye entonces que la injerencia de EE. UU. en Colombia es una política de Estado practicada tanto por el partido Demócrata como por el partido Republicano. Donald Trump no ha sido el primer gobernante de Estados Unidos que ha intervenido en los asuntos internos de Colombia. Presidentes demócratas como Joe Biden, Obama y otros, lo han hecho también. Lo hacen a nombre de la seguridad nacional de EE. UU. y con variopintas excusas como la lucha contra las drogas, la lucha contra la insurgencia, la lucha contra el comunismo, o en defensa de la democracia, el ambientalismo, entre otros.

Por ello, los colombianos que sufrimos estas injerencias, debemos unirnos para defender los intereses nacionales, entre ellos lograr el desarrollo económico de Colombia con una producción industrial y agropecuaria fuerte y capaz de ofrecer trabajos suficientes y dignos, la fortaleza de la democracia, el desarrollo de la educación y la ciencia, la derrota real y constante de la corrupción, entre otros; objetivos que no pueden lograrse sin la lucha por recuperar nuestra soberanía nacional ¡Manos a la obra!

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