• Manuel Naranjo, columnista de opinión en La Tribuna Colombia

    Actor, Tecnólogo en Entrenamiento Deportivo, estudiante de Profesional en Cultura Física y Deporte y columnista de opinión.

Sé que nos espera algo mejor

Jun 19, 2026

Colombia no es del petrismo, ni del uribismo, es del pueblo trabajador, que algún día verá recompensado todo el sacrificio y esfuerzo que hace por salir adelante.

  • Manuel Naranjo, columnista de opinión en La Tribuna Colombia

    Actor, Tecnólogo en Entrenamiento Deportivo, estudiante de Profesional en Cultura Física y Deporte y columnista de opinión.

Sé que nos espera algo mejor

Jun 19, 2026

Colombia no es del petrismo, ni del uribismo, es del pueblo trabajador, que algún día verá recompensado todo el sacrificio y esfuerzo que hace por salir adelante.

Es natural sentir cierta desazón ante la inminente llegada al poder de cualquiera de los nefastos candidatos que pasaron a segunda vuelta. Se vienen tiempos duros, no cabe la menor duda. Los dos finalistas parece que compitieran por ver quién va a hundir aún más a Colombia. Por fortuna, el país no le pertenece a ninguno de los dos. Le pertenece al pueblo colombiano, ese pueblo que ha demostrado ser capaz de salir adelante, aunque tenga en contra el viento y la marea.

Suscríbete a nuestro boletín

Recibe las últimas publicaciones

En estas elecciones el panorama no podría ser más desolador. En una esquina tenemos al “Tigre”, un tipo grandilocuente y pintoresco que promete recuperar la patria. Detrás de todo su histrionismo, oculta la más profunda pérdida de la soberanía y la completa inserción del neoliberalismo en nuestra nación. En el otro lado está el “defensor de la vida”, que no tiene reparos en ser condescendiente con los que cometieron todo tipo de crímenes contra el pueblo que supuestamente dicen defender. Si a eso le sumamos su compromiso de continuar con el legado de Petro, podemos estar seguros de que los disparates en salud, petróleo, seguridad y deuda pública vienen incluidos.

Ambas campañas se desgarran las vestiduras jurando que solamente ellos pueden salvar el país de lo que representa su contrincante. Mientras tanto, los colombianos tenemos que padecer la inutilidad de su constante pelea. El matoneo y acoso que cada bando aplica hacía el que piensa diferente solo ha servido para generar más división. El debate público se ha enfocado en la polarización, dejando de lado el análisis sobre las consecuencias podrían acarrear las propuestas de cada aspirante para la vida material del pueblo.

Porque no hay que dejarse engañar. Aunque se vendan como diferentes, en el fondo, Cepeda y De La Espriella tienen muchas más coincidencias de lo que la gente cree. Ninguno propone políticas que fomenten la creación de fuentes de empleo y riqueza, ninguno se compromete a renegociar los TLC que tienen ahogados a los productores agrícolas con las importaciones, ninguno ha demostrado un compromiso genuino en defender la soberanía e independencia de la nación y De La Espriella prácticamente propone acabarla. Ninguno ha movido un dedo ante la corrupción de sus respectivas fuerzas políticas. Ambos son candidatos horrendos.

Sería fácil caer en la desesperación y asumir que todo está perdido, pero yo no podría estar más en desacuerdo. Si algo se puede comprobar a lo largo de la historia, es que el pueblo colombiano es muy berraco. Décadas de atraso, corrupción, sometimientos y división no han logrado quebrar el espíritu de los nacidos en este hermoso país. Los millones que nos levantamos todos los días a trabajar, estudiar, emprender y apoyar la comunidad somos la prueba fehaciente de esto.

Sé que nos espera algo mejor. Colombia no le pertenece ni a Petro, ni a Uribe, ni a Cepeda ni a De la Espriella. Colombia le pertenece es al pueblo trabajador, que algún día verá recompensado todo el sacrificio y esfuerzo que hace por salir adelante. Nos merecemos un país próspero e independiente, con líderes que entiendan la importancia de unir a todas las clases y sectores sociales con el propósito de desarrollar la economía nacional. Asimismo, que se ejerza una auténtica soberanía, con la cual se nos permita a los colombianos el desarrollo y progreso que tanto hemos anhelado.

Publicaciones Relacionadas