En defensa de Colombia

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Petro: Final con ínfulas de dictador

Ante las denuncias por corrupción que se destaparon en los últimos veinte días de su Gobierno, Petro volvió a mostrar su talante agresivo de dictadorzuelo.

Publicaciones de Arlex Arias

Muchos de quienes conocen o han tenido relaciones –políticas, laborales o de amistad– han sufrido vejámenes del, hasta el 7 de agosto de 2026, presidente Gustavo Petro. Los ejemplos y las denuncias abundan e incluyen la manipulación, violencia verbal, acciones vengativas y actitudes con ínfulas dictatoriales. El presidente Petro tiene unas características naturales que chocan contra las de un buen demócrata: Se doblega a las decisiones de EEUU, convirtiéndose en un defensor de los intereses del imperio por encima de los nacionales: TLC, OCDE, negociación de las “reformas sociales” con el  FMI y el Congreso de EEUU, entrega de territorio nacional en Gorgona y Leticia, el manejo de la deuda externa por fondos de inversión de EEUU y la monitorización permanente de funcionarios de EEUU sobre su gobierno, entre otras.

A lo anterior vale agregar sus intenciones por concentrar el poder absoluto, con una actitud en negarse a aceptar las decisiones del Congreso de la República, volándose sus talanqueras para imponer su visión del Estado, amén de amenazas recurrentes de realizar procesos ciudadanos disfrazados de democráticos para aumentar su poder y gobernar con estados de excepción, muchos de ellos “tumbados” por la Corte Constitucional. Quiso forzar las reglas diseñadas, no para profundizar la democracia sino para atornillarse, poniendo a sus ventrílocuos a impulsar su reelección, mientras que hacia afuera la rechazaba. Ese mismo comportamiento lo tuvo contra el Poder Judicial: Puso magistrados de su bolsillo y despotricó de sus decisiones, muchas de las cuales jamás acató, por ejemplo, el ajuste de la Unidad Per Cápita para el presupuesto de la Salud, motivo por el cual murieron miles de colombianos.

Esas ínfulas de dictadorzuelo, con las cuales quiso forzar las reglas a su amaño, agregadas al trato déspota hacia sus funcionarios, el señalamiento y estigmatización a muchos periodistas –con lo cual buscó acallar la crítica– y las denuncias de profunda corrupción dentro de su Gobierno, tienen su punto máximo al final de su mandato, cuando se produce su derrota electoral, resultados que, siguiendo el ejemplo de otros déspotas como Donald Trump, se ha negado a reconocer sin haber publicado las pruebas que fundamentan su actitud antidemocrática. La intención de Petro era perpetuarse en cuerpo ajeno, con alguien que le garantizara el “tapen, tapen”, que al parecer se lo encontró por el error político del presidente electo, Abelardo de La Espriella, de no haberle aceptado el presidente del Senado a Álvaro Uribe, con lo cual se consolidó la alianza Petro-Uribe, con quien trata de déspota y dictador.

El epílogo es de película. Ante las denuncias por corrupción que se destaparon en los últimos veinte días de su Gobierno, Petro volvió a mostrar su talante agresivo de dictadorzuelo. Su ex mano derecha en el DAPRE, Angie Rodríguez, confirmó a los medios de comunicación los hechos de corrupción de las “Hermanas Guerrero”, ante lo cual el presidente Petro reaccionó el pasado 27 de julio: “Aquí se muestra la perversión de la prensa tradicional, que buscando desacreditarme, llegan hasta manipular una paciente siquiátrica… Este documento prueba la incapacidad médica de Angie por razones siquiátricas, de las que ya salió, ¿tan rápido? Y por tal razón le solicito al ministro de Hacienda declarar insubsistente”. Pues bien, Rodríguez fue despedida incapacitada este 1 de agosto, ¡qué ironía!, por el “Gobierno de los Trabajadores”. ¡Del populismo a la dictadura hay un paso cortico!

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