Que los extremos se junten es una descripción qué desde la Antigüedad ha venido desarrollando la humanidad, como parte de los principios filosófico: ejemplo “personas que se odian pueden llegar a amarse”. La Ley de la Negación se desarrolla en la dialéctica de Hegel y Marx, que indica que el proceso de las cosas va de un extremo al opuesto y luego a un tercer estado que recupera aspectos del primero, en forma circular. Las ciencias políticas revelaron la teoría de la Herradura, que postula que los extremos políticos, la extrema izquierda y la extrema derecha, se parecen más entre sí que al centro. Muchos partidos y dirigentes políticos, para esconder sus incoherencias, han adoptado la frase: “la política es dinámica”, un axioma para justificar y explicar sus cambios constantes de postura, alianzas inesperadas y giros ideológicos.
Esos extremos políticos en Colombia están reconocidos en el uribismo y el petrismo, que, por sus incoherencias, falta de escrúpulos y manipulación, se han presentado como enemigos irreductibles, adversarios irreconciliables, al estilo de los extremos villanos, cuál más malo el uno para el otro, rivales imperdonables, históricos, inconvencibles. Pues bien, así se han tratado en las campañas electorales los petristas y los uribistas; no se bajan de señalarse como violentos “paracos”, los unos, y “guerrillos”, los otros. La idea siempre ha sido hacerle creer al pueblo elector que no existe “salvador” diferente a uno de ellos y aspiran a turnarse el poder desapareciendo cualquier otra opción política.
Hay mucha huella de sus acusaciones. El 21 de noviembre de 2025, Infobae Colombia publicó: “Petro acusó a Álvaro Uribe: “¡Largo! ¡Largo!... para ganar elecciones, les compraban el voto a los pobres, ese dinero, tenían que sacarlo robando al Estado y/o pidiéndole al narcotráfico. Y por eso el narcotráfico en Colombia tiene poder político y gobernanza paramilitar”, expuso”. El 27 de febrero de 2025, el mismo portal publicó una declaración de Iván Cepeda, excandidato presidencial del petrismo: “A Álvaro Uribe no le queda otra solución que reconocer que él y su hermano Santiago eran patriarcas en San Roque, Antioquia, cuando surgió el grupo paramilitar que terminó siendo el Bloque Metro y la Convivir El Cóndor. La relación de Uribe Vélez es incontrovertible”, expresó.
Y Uribe, en el mismo sentido, atacó al presidente Petro. La revista Semana publicó el 20 de diciembre de 2025: “Temblaba ante los paramilitares y hoy, el presidente Petro, uno no sabe si está más enamorado de los paramilitares o de su viejo amor con las guerrillas… y allá iba a rendirle pleitesía a Carlos Castaño. Era pro-guerrillero en público y paramilitar en privado. Hoy está bien enamorado de unos y otros”. Son innumerables las acusaciones mutuas de estas dos vertientes políticas publicadas en los medios.
El hecho es que terminaron aliadas y sus congresistas, abrazados. Ambos partidos reconocen que han tenido intereses comunes en los que trabajaron juntos. Recién pasaron los procesos electorales nacionales en donde se dijeron “hasta de qué van a morir” y el pasado 20 de julio de 2026 consolidaron el petrouribismo en un acuerdo para administrar el Congreso, eligiendo como presidente del Senado al uribista – abelardista Honorio Henríquez, pero también eligen al Secretario general, Procurador general, Contralor general y Consejo Electoral, cargos claves en la lucha contra la corrupción. ¡Los extremos se juntaron y con ese petrouribismo está seguro el “tapen, tapen”!




