Cartagena de Indias, la Heroica, la fastuosa, la majestuosa y también, cuna de pobreza. Utilizada para todos los actos internacionales cuando se trata de ostentar, irónicamente es el “conejillo de indias”, ese sujeto de prueba que sirve como experimento, evaluación o situación novedosa para probar algo por primera vez. En Cartagena se experimentó con las privatizaciones de: puertos, astilleros, salinas, servicios públicos, salud, educación, etc., cuya ola tuvo la finalidad de despatrimonializar tanto a la ciudad como al departamento de Bolívar y a la Nación. Lo consiguieron, a pesar de importantes luchas, y hoy la población sufre las consecuencias de esa política de expoliación.
Haber convertido en negocios derechos fundamentales y esenciales de la población como el agua, luz, gas, salud, educación, techo digno o la movilidad, les acarreó inmensas riquezas a unos cuantos, mientras se pauperizó a las clases pobre, obrera y media. Es cierto, Cartagena lanzó potentes gritos de batalla contra esta injusticia. Fue en esta heroica ciudad en la que se denunció el primer “paseo de la muerte” que se le hizo a una mujer que falleció tocando las puertas de un hospital. De ahí para acá, esto se convirtió en “paisaje natural”, o sea, se normatizó este criminal accionar, puesto que el Estado colombiano prácticamente se deshizo de la obligación de brindar el derecho fundamental de la salud a sus habitantes, y no por falta de recursos, porque anualmente dispone de dinero suficiente recaudado de sus habitantes –este año tiene $114 billones de presupuesto–, sino porque están direccionados al negocio privado.
Pero lo sucedido el 14 de este mes en Cartagena es “la tapa” de lo grave que está el sistema de salud distrital, fiel reflejo de lo que sucede en todo el país. Literalmente, ese día una mujer parió tirada en el asfalto de la calle frente a una institución hospitalaria a la cual recurrió para que la atendieran al momento del parto. El hecho es que salieron varios funcionarios que la auxiliaron, la estabilizaron y se hicieron cargo de la situación. Un país que no le garantiza un buen nacer al nuevo ciudadano, menos le va a garantizar su salud y por eso trata a sus viejos como verdaderos desechables. Lo acontecido es otra lección que debe alertar a las fuerzas vivas y políticas alternativas, para que dé una vez por todas se trace un derrotero para rescatar el sistema de salud público, que es el que le puede garantizar la vida a los colombianos.
En Cartagena se vienen cerrando las instituciones hospitalarias, algunas lo hacen de forma integral, pero otras lo ejecutan por áreas, hasta el punto de que están liquidando secciones vitales como las urgencias, las unidades pediátricas y las Unidades de Cuidados Intensivos, lo que demuestra lo grave de la crisis. Tampoco las clínicas, hospitales y laboratorios están recibiendo pacientes de gran parte de las EPS, e incluso la crisis es tan profunda que, para exámenes de diagnóstico, imágenes, rayos X, etc., al paciente se le “mama gallo” hasta cuatro meses.
La radiografía de Cartagena sirve para todo el país. Los dineros de la salud enriquecen a los grupos económicos y financieros; es un saqueo criminal en contra de la vida de la población, que muere por enfermedades que se pueden curar. El petrismo tuvo cuatro años, pero le quedó grande la solución y en el peor caso, la empeoró. ¡Los colombianos debemos exigir una atención de salud oportuna, altamente científica y para todos!




