¡Qué desgracia! Petrismo o uribismo: Más de lo mismo

May 15, 2026

Es muy triste para una sociedad que le impongan solo dos opciones para elegir el menor mal. Por eso lo “revolucionario” e independiente hoy es rebelarse.

¡Qué desgracia! Petrismo o uribismo: Más de lo mismo

May 15, 2026

Es muy triste para una sociedad que le impongan solo dos opciones para elegir el menor mal. Por eso lo “revolucionario” e independiente hoy es rebelarse.

Es una verdadera desgracia tener que tomar una decisión entre lo peor y lo menos malo. En el proceso eleccionario colombiano este planteamiento se volvió axiomático, como si fuera una verdad revelada, evidente o incuestionable. He ahí uno de los graves errores, porque nunca será bueno escoger entre “el cáncer y la hepatitis”, como acuñó el exsenador Jorge Robledo. Pero el neoliberalismo tiene sus matrices comunicacionales para asegurar su continuismo y desde ahí urden verdaderos planes para manipular, no solo las realidades, sino los estados emocionales de los electores, incluyendo a las encuestas y los sondeos de opinión.

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En Colombia este proceso está ahora permeado de tal manera que han puesto a sus habitantes a escoger entre esos dos males: ¡Los dos extremos!, la derecha identificada de frente con el modelo neoliberal y una supuesta izquierda que se “vende” como la redentora, pero que ha resultado ser la continuadora de ese modelo que garantiza a las minorías las grandes riquezas y le deja pequeñas reivindicaciones a las mayorías, las cuales son presentadas como “triunfos revolucionarios”, pero son parte de las imposiciones del FMI, el sistema financiero internacional y nacional y las corporaciones.

 En el primer grupo de neoliberales frenteros están los candidatos de la derecha: Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella son discípulos de los principales impulsores de ese modelo de exclusión, lo defienden y tienen el respaldo de casi todos los sectores que disfrutan de sus beneficios. Del otro lado está el candidato Iván Cepeda, discípulo de Gustavo Petro, que aparenta avergonzarse de sus orígenes, es ambicioso como su jefe y está comprometido con taparle las graves denuncias de corrupción sucedidas durante estos cuatro años, de un período presidencial fracasado que deja al país en una crisis económica, social y política causada por el neoliberalismo que defiende “a hurtadillas”.

 Esos extremos –Paloma, Abelardo e Iván– se juntan en ese modelo neoliberal, aunque dan la apariencia de que sus ideas y actitudes son opuestas; se parecen más de lo que se esperaría, especialmente en sus efectos o en su naturaleza fundamental. Esta es la razón por la cual la estrategia de la derecha –“jalonada” por el expresidente Uribe– y la “izquierda” del presidente Petro es borrar el espectro del centro político, especialmente a su más importante figura, Sergio Fajardo, para poder antagonizar la política entre esos dos extremos, con la plena bendición de todos los detentadores que están detrás del verdadero Poder y los financiadores de esas campañas.

¿Qué junta a estos extremos? Casi todo, comenzando por las desproporcionadas y enfermizas ansias del Poder: Se someten a todas las imposiciones de Wall Street, de donde emana el modelo económico neoliberal; las facilidades que otorgan a los capitales financieros transnacionales; la onerosa deuda externa; garantías de márgenes financieros exorbitantes; pagar tasas de interés confiscatorias; se someten a la OCDE; son continuadores de los Tratados de Libre Comercio con EEUU y UE; permiten la corrupción; la perpetuación de la violencia; sus devaneos dictatoriales expresados en procesos ciudadanos disfrazados de democráticos, y la eliminación del Centro Político, o sea sacar de la contienda a Sergio Fajardo. Es muy triste para una sociedad que le impongan solo dos opciones para elegir el menor mal. Por eso lo “revolucionario” e independiente hoy es rebelarse. ¡Adelante con Fajardo presidente!

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