Pobre vida perruna

Jun 6, 2026

Hay mascotas que tienen más garantías que los humanos. Mientras familias gastan dinerales en el cuidado de sus mascotas, existen cerca de veinte millones de colombianos en la miseria.

Pobre vida perruna

Jun 6, 2026

Hay mascotas que tienen más garantías que los humanos. Mientras familias gastan dinerales en el cuidado de sus mascotas, existen cerca de veinte millones de colombianos en la miseria.

Entonces Colombia era un país tratando de asomarse al desarrollo, pero no existía una sensación más agradable que planificar un viaje en avión. Por los costos era una novedad exclusiva, propia de grupos selectos de la sociedad. Llegado el momento, el viajero era compensado con creces. Las aerolíneas se esmeraban para que los pasajeros estuvieran confortables, con los rigores de un excelente servicio: Sillas con espacios amplios, itinerarios puntuales, comidas y snacks, licores, ventas varias, disfrute de pantallas, revistas y entretenimiento, bajo la supervisión y amabilidad de la tripulación. Pero como reza el dicho, la felicidad nunca es eterna, y con la llegada del neoliberalismo –el mercado por encima de las personas– todo cambió diametralmente.

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Después de la pandemia, poco a poco las compañías empezaron a recortar el grado de satisfacción del cliente para maximizar sus ganancias, hasta que la política del “rompimiento de los cielos”, por la competencia de las diversas aerolíneas, resolvió que la excelencia del servicio solo es posible para el exclusivo grupo de cerca de 18 personas que viajan en Clase Ejecutiva. Esa odiosa “sisbenización” convirtió los anhelos de viajar en un verdadero martirio, máxime si se trata de viajes largos, porque los pasajeros “no exclusivos” terminan el trajín magullados por el recorte del espacio entre las sillas, los cambios de itinerarios, incluso el pésimo tratamiento a la “Tercera Edad”. Esas rutas se parecen a las “chivas” que viajan para las zonas rurales del país.

Como si fuera poco, ahora permiten llevar a las mascotas en las mismas sillas de los pasajeros. ¿Usted qué pensaría si al lado de su silla le corresponde un pasajero que lleva su perro mascota ladrando durante más de una hora sin la posibilidad de que lo puedan callar? ¿Pero, además, es tan de malas que de regreso le toca compartir con otro pasajero que transporta otro perro mascota, de raza grande, sin guacal, ni bozal, cuya sola presencia atemoriza al más valiente? ¿A nadie le preguntaron si era alérgico a la compañía perruna, o tenía fobias ante la presencia del animal, si se sentía intimidado o simplemente por la incomodidad de que ese pasajero y el perro grande vayan ocupando una misma silla? Estos son casos reales sucedidos en Avianca.

Por principios, los seres humanos, como especie pensante, tenemos atracción por defender a los animales y brindarles protección para su vida; de hecho, en Colombia los animales son reconocidos jurídicamente como seres sintientes y no como cosas u objetos, en una protección que ha evolucionado rápidamente a través de la jurisprudencia de la Corte Constitucional y las leyes, que les ha dado su estatus y garantiza su bienestar para evitarles el sufrimiento, prohibiendo su instrumentalización. Ese marco legal y normativo lo desarrollan la Ley 1774 de 2016 y la Ley 84 de 1989, además de las sentencias de las Cortes. El tema del caso en comento no pasa el ineludible derecho de defender a los animales, sino hasta dónde se protegen los derechos de los seres humanos. Tal vez Avianca podría disponer de espacio exclusivo, incluso sillas especiales, en donde solo viajen pasajeros con sus atractivas mascotas.

El tema tiene tanto de ancho como de largo, pues hoy hay mascotas que tienen más garantías que los seres humanos. Mientras exclusivas familias gastan dinerales en el cuidado y sostenimiento de sus mascotas, existen cerca de veinte millones de colombianos en la absoluta miseria. ¡Estos pobres llevan una vida menos que perruna!

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