A la izquierda se la demonizó por su afinidad ideológica con los grupos armados que acudieron a la lucha armada en el siglo pasado, por lo que adquirió el rótulo de “extrema izquierda”. Pero despuntando este siglo, dirigentes que desde siempre habían rechazado la lucha armada, entre ellos Carlos Gaviria Díaz y Jorge Enrique Robledo, se empeñaron en llevar a la izquierda por los cauces civilistas. Así nació el Polo Democrático Alternativo, PDA, que logró unificar a los sectores inconformes y democráticos del país, luchando además contra la corrupción y el clientelismo que imperaban desde el Frente Nacional.
El empeño por construir una izquierda democrática fue obstaculizado por Gustavo Petro cuando se opuso a la dirección correcta que le estaba dando Carlos Gaviria como presidente del PDA. El propósito de Petro era, hoy lo podemos comprobar, regresar a las concepciones fracasadas de la izquierda del siglo XX, pero simultáneamente a las prácticas corruptas y politiqueras de la derecha. Por eso, hoy Sergio Fajardo está retomando las banderas de Carlos Gaviria para rescatar la democracia y la decencia partidaria.
Cómo Gustavo Petro se le atravesó a Carlos Gaviria
Carlos Gaviria logró más de 2.600.000 votos cuando fue candidato del PDA en 2006, la segunda votación después de la que reeligió a Álvaro Uribe, incluso superior a la del tradicional Partido Liberal. El éxito conseguido por la izquierda democrática bajo la dirección de Gaviria llevó al uribismo a considerarlo su enemigo más peligroso.
Pero ese propósito común de construir una izquierda democrática fue poco a poco desdibujándose al interponerse el interés personal de Gustavo Petro, quien comenzó a actuar como una rueda suelta dentro del PDA, al desconocer sus estatutos y el Ideario de Unidad que habían firmado quienes se comprometieron a defender los principios democráticos. Es así como comenzó a hacer componendas al margen de las decisiones consensuadas del partido que presidía Carlos Gaviria.
El primer ejemplo de esa traición a los principios democráticos surgió cuando el PDA se opuso al lesivo Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que durante el gobierno de Uribe se estaba negociando. Pero Gustavo Petro, a título personal, llegó a acuerdos con el Partido Demócrata en Estados Unidos, los que intentó imponerle al partido, por lo que Gaviria y la Dirección Nacional los rechazaron.
Después, cuando Carlos Gaviria había sido propuesto con sobradas razones como candidato del PDA para las presidenciales del 2010, Gustavo Petro se le interpuso postulándose como aspirante. Al surgir dos candidatos, era necesario realizar una consulta que decidiera quién representaba al partido. La consulta, como era abierta, permitía que votaran sectores diferentes al PDA, entre ellos, el del uribismo, que no necesitaba consulta porque estaba unificado en torno a la candidatura de Juan Manuel Santos. Por tanto, fueron los sufragios extraños al partido de la izquierda democrática los que decidieron la candidatura de Petro en contra de la de Gaviria, por lo que Santos y Uribe se debieron de sentir victoriosos.
En las presidenciales del 2010, el respaldo al candidato del PDA, Gustavo Petro, fue de solo 1.400.000 sufragantes, mientras Carlos Gaviria, cuatro años antes, había logrado más del doble. Y lo insólito es que inmediatamente triunfó Santos en esas elecciones, Petro hizo acuerdos con él, nuevamente en forma unilateral y personalista, desconociendo la decisión del partido de hacerle oposición a Santos, el candidato de Uribe. Y en forma descarada acudió a la Dirección Nacional del PDA para exigir la presidencia del partido con el fin de llevarlos a cabo, pero al ser rechazada originó su retiro del PDA.
Esta historia es poco conocida, pero es la que explica el abandono y la traición de Petro al Ideario de Unidad democrática que habían concebido Carlos Gaviria y Jorge Enrique Robledo desde 2002. Con Petro presidente veinte años después, se pudo comprobar que la perfidia y el oportunismo habían logrado triunfar desquiciando el rumbo de la izquierda democrática para que surgiera otra “izquierda” que reeditara las viejas prácticas politiqueras y corruptas. Por eso este gobierno no puede ser considerado de izquierda ni se puede afirmar que haya existido ningún cambio prometido.
“El fin justifica los medios”
Para llegar al poder Petro ha empleado la misma fórmula maquiavélica de “el fin justifica los medios”, como lo demostró cuando se alió hasta con los clanes ya conocidos que financiaron campañas de gobiernos anteriores, a cambio de contratos y otras de las llamadas mermeladas. Recordemos la frase reciente del fiel aliado petrista Gustavo Bolívar, quien desplazado por el uribe-santista Armando Benedetti en el gobierno actual, se atrevió a decir: “Petro le vendió el alma al diablo”. La afirmación resume cómo se torció el camino de la izquierda democrática para darle continuidad a la “izquierda” del clientelismo, la violencia y la corrupción.
La fórmula ganadora ya ensayada es la que sigue imperando en las actuales elecciones, porque los candidatos que hoy lideran las encuestas lo han logrado precisamente porque son financiados por poderosísimos intereses corruptos, los mismos que han costeado los gobiernos anteriores a Petro. Y “el fin justifica los medios” es la misma receta de Cepeda para ganar estas elecciones, y es la más criticada por Sergio Fajardo, actual candidato presidencial de Dignidad y Compromiso, quien se destaca sin duda por el rescate de las banderas democráticas de Carlos Gaviria al alertar sobre las formas nefastas de hacer la política basada en “el todo vale”. Recordemos la frase acusadora de Gaviria: “El que paga para llegar, llega para robar”.
Sin embargo, el hoy candidato petrista intenta apropiarse hipócritamente del legado de Carlos Gaviria, a pesar de que fue uno de los traicionados por Petro en el PDA. Pero a Cepeda no le importa, porque su fin no se guía por su dignidad, sino para continuar haciendo lo mismo que su caudillo traicionero. El oportunismo sigue imperando con el objetivo de posar como democrático.
Y por el lado uribista ya conocemos su forma de gobernar, por lo que no es posible mirar al pasado para reeditarlo. Por eso existe una tercera opción en esta contienda, representada por Sergio Fajardo, al que las encuestas tienen borrado porque los indecisos siguen tras el espejismo de la polarización reinante, propagada con la premisa falsa de que la confrontación en esta contienda es entre la izquierda y la derecha, entre el petrismo y el uribismo, cuando se ha demostrado que Petro no es de izquierda.
El enfrentamiento es en realidad entre dos sectores del establecimiento que tienen los mismos intereses politiqueros y corruptos, pero revestidos con ropajes diferentes. Se está reeditando la misma disputa presuntamente antagónica de la “manguala liberal y conservadora”, solo que hoy podemos llamarla manguala uribe-petrista.
La clarividente frase de Carlos Gaviria se hizo realidad: “Petro gana porque le hace demasiadas concesiones al establecimiento”.









