Conocí a Enrique Daza y comencé a colaborar con él hace unos 45 años, allá por 1981. Cuando pienso en Enrique como persona, como colega, me vienen a la mente algunas palabras, ciertos adjetivos:
Cálido, simpático, cordial, inteligente, tranquilo, fino amigo, ecuánime, independiente, reservado, sistemático, elocuente, materialista, camarada, compañero, maestro, líder…
Bajo su guía y dirección participé en foros y eventos auspiciados por Cedetrabajo y el MOIR en Bogotá, Cartagena, Magangué, Barranquilla, Medellín, Manizales y Cali, para los cuales Enrique me encargaba disertar sobre la economía de Estados Unidos y el impacto sobre la soberanía de Colombia, temas de los cuales él casi siempre sabía más que yo.
Pero la mayoría de las tareas en las que Enrique me enlistó tuvieron lugar en sitios fuera de Colombia. En Ciudad de México, Los Ángeles, Boston y Nueva York. En ciudades muy conocidas como Washington, Distrito de Columbia, y otras lejanas, casi inhóspitas, como Tucson, Arizona, en el salvaje oeste de cine.
Las metas de esas tareas fueron diversas, pero debo destacar tres. Una, la de encuentros con latinoamericanos comprometidos con luchas de corte antiimperialista y construcción de partido afines a los nuestros. La segunda, la coordinación de colombianos en el exterior para involucrarlos en el apoyo a las luchas en Colombia contra los embates imperiales, en defensa de la soberanía nacional y en pro de una democracia civil y efectiva.
La tercera, que tuvo lugar en varias ocasiones principalmente en Washington, significó la amplia colaboración con numerosos grupos de activistas norteamericanos progresistas, con los que buscamos echar abajo los mal llamados planes de “libre comercio”, camuflaje de nuevas estratagemas de explotación económica de Colombia y países hermanos de América Latina. Recuerdo que, en ese empeño, me apoyaba, en mi papel de economista traductor, en los excelentes trabajos de investigación elaborados por Cedetrabajo y en ponencias del senador Robledo sobre los previsibles y dañinos efectos del Tratado de Libre Comercio.
Con su personalidad y conocimiento, Enrique Daza logró establecerse como líder de ese esfuerzo de varios años en Estados Unidos en que se comprometieron ONG, organizaciones religiosas, otras enfocadas en el medio ambiente, algunas en los derechos humanos, otras más bien alineadas con la “izquierda” del Partido Demócrata y voluntarios de diversa índole. Fue una larga campaña que nos obligó a hacer lobby con congresistas norteamericanos y a bregar en ocasiones con desagradables funcionarios del gobierno de EE. UU. y otras gentes de mal vivir. Estoy convencido de que esa pelea logró retrasar en cierta medida la implementación del maligno Tratado de Libre Comercio. Y fue una labor ingente de educación y establecimiento de alianzas.
En la primera y segunda de esas tareas, con latinoamericanos antiimperialistas y colombianos en el exterior, Enrique Daza impresionaba con su manera de buscar la unidad cuando existían diferencias, con su forma de limar asperezas entre compañeros y de evitar y resolver contradicciones innecesarias.
Ese estilo de trabajo, metódico, paciente y cordial fue de gran utilidad para la tercera de las tareas, el lobby en Washington, faena que requería trabajar con grupos con variedad de intereses y con contradicciones peligrosas, que Enrique llevó a cabo sin desviarse de su corazón ideológico. Porque para Enrique lo cortés nunca quitaba lo valiente.
En ese ámbito internacional, Enrique trabajó arduamente no solo en lo referente a Estados Unidos. Igual participaba infatigablemente en coloquios y reuniones de corte antiimperialista como el Foro de São Paulo y otros en América Latina y Europa.
En los últimos años, gracias a las bondades de internet y al aumento de mis dificultades para viajar, nos comunicábamos con frecuencia por Zoom, para consultas sobre cuestiones de economía de Estados Unidos, así como de geopolítica, para que le buscara datos fidedignos que necesitaba para sus escritos en Las Dos Orillas. Enrique había adquirido un conocimiento profundo de los detalles de la política interna de Estados Unidos. Conocía al dedillo las tendencias económicas del capitalismo y las características del capitalismo monopolista, del imperialismo, lo que le permitía un análisis agudo y perspicaz de la realidad global, pero basándose siempre en datos comprobables que estudiaba con rigor, sin hacerse ilusiones.
Sociólogo, politólogo, economista, organizador, investigador, ensayista, comunicador,
milonguero empedernido, rumbero cuando, imprescindible… ¿seductor😊?
Enrique no escatimó esfuerzos, trabajó intensamente en su lucha por el bien de Colombia, sus obreros, campesinos, estudiantes y productores. No todo era trabajo. La terapia del tango lo ayudaba a mantener sus facultades al máximo. Para que los intelectuales se apartaran de la torre de marfil y pusieran su granito de arena. Para construir partido y desarrollar frentes amplios.
Al dejarnos, yo sé que lo hace sin remordimientos, sin pensar que dejó algo por hacer, sin pensar que pudiera haber hecho algo más.







