Con el robo a Colombia del departamento de Panamá, EE. UU. afianzó sus reales en este país. El 23 de marzo de 1911, el presidente de EEUU Theodore Roosevelt reconoció: “Yo tomé el istmo y dejé que el Congreso debatiera”, resumido para la historia en: “I took Panama (yo tomé Panamá)”, frase lapidaria con la cual aplicó el corolario de la Doctrina Monroe, que estableció que EEUU tenía “el derecho” a intervenir en los asuntos internos de los países latinoamericanos para preservar el orden y proteger sus intereses. Hoy, el actual presidente de ese país adopta la forma del corolario Trump (o doctrina Donroe), que es una reinterpretación de esa Doctrina Monroe de 1823, con la cual saquea los recursos nacionales en un proceso de recolonización. Desde entonces, ¡el gringo ahí!, como popularizó el humorista, abogado y periodista Jaime Garzón.
Son dos larguísimos siglos durante los cuales, parodiando la religión, “no se mueve la copa de un árbol sin la voluntad de EEUU”, lo cual es la gran traba para el desarrollo nacional. La onerosa deuda externa, la imposición de condiciones de la banca multilateral –FMI, CAF, BM–, los Planes Nacionales de Desarrollo, el manejo de la economía y de las instituciones del Estado –incluidas las elecciones de presidente y el congreso–, la firma en 1989 del Consenso de Washington, la anexión a la fracasada Área de Libre Comercio de las Américas –ALCA–, la imposición del Tratado de Libre Comercio bilateral –lo ancho para ellos, lo angosto para Colombia–, la obligación de prestarle a sus tropas las bases militares colombianas y, con el Gobierno Petro, la autorización para sembrar un Guardacostas en Gorgona y el vuelo de helicópteros con sus tropas por el Amazonas, son parte de un arsenal de herramientas de neocolonizaje.
Ahora a Colombia le pusieron su “propio gringo”. El posesionado el 7 de agosto Abelardo de La Espriella Otero, ADLE, a pesar de que nació en Bogotá, el 17 de febrero de 2023 adoptó la ciudadanía estadounidense, desistiendo de la posibilidad de ser presidente de Colombia sin renunciar a este juramento: “Declaro, bajo juramento, que renuncio y abjuro absoluta y completamente a toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, Estado o soberanía extranjeros, de los cuales haya sido súbdito o ciudadano; que apoyaré y defenderé la Constitución y las leyes de los EEUU de América contra todos los enemigos, extranjeros y nacionales;.. que prestaré servicio no combatiente en las Fuerzas Armadas de los EE. UU.; que realizaré trabajos de importancia nacional bajo dirección civil; y que asumo esta obligación libremente”. A pesar de las advertencias sobre violaciones a la Constitución colombiana, ADLE no ha renunciado a la ciudadanía estadounidense, con lo cual a Colombia le impusieron un presidente gringo.
El “peón gringo” aprovechó el sentimiento de los colombianos por la tragedia del terremoto del 10 de este mes para poner al país al servicio de la política de los EEUU, que, con Trump, anda saqueando al mundo: Adhirió al país al Escudo de las Américas, reconoció la soberanía de Israel sobre los Altos de Golán, coto de caza del halcón de EEUU; reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, que es de la República Árabe Saharaui. Como si fuera poco, el secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, notificó que el Gobierno de ADLE autorizó operaciones militares conjuntas en territorio colombiano contra el narcoterrorismo y la integración del país en la Coalición contra los Carteles de las Américas. ¡El ‘Gringo’ trabaja para los ‘gringos’!
