En esta nota encontrarás:
- ¿Cuál es el mayor aporte al crecimiento de casi $60 billones en el proyecto de Presupuesto General de la Nación 2027 de De La Espriella frente al de Petro y a 2026?
- Hoy debemos más que ayer, pero menos que mañana.
- Lo que ya había empeorado Petro con respecto a 2026 y lo que acabó de deteriorar De La Espriella en el proyecto de Presupuesto General de la Nación 2027.
- ¿Y de dónde va a salir la plata para financiar el Presupuesto General de la Nación 2027?
Gustavo Petro radicó el proyecto de Presupuesto General de la Nación (PGN) para 2027 por $575,7 billones el 29 de julio de 2026. Este fue devuelto por las comisiones económicas del Congreso, alegando que tenía un gran descuadre e incurría en graves inconsistencias respecto al Marco Fiscal de Mediano Plazo.
El 27 de agosto, el Ministerio de Hacienda radica la nueva versión, que sube el monto a $634,9 billones, alegando que incorpora recursos faltantes para el servicio de la deuda, subsidios y otros huecos fiscales de la administración anterior. Lo llama de manera ampulosa presupuesto de la verdad.
¿Cuál es el mayor aporte al crecimiento de casi $60 billones en el proyecto de Presupuesto General de la Nación 2027 de De La Espriella frente al de Petro y a 2026?
El mayor incremento se encuentra en el ítem del servicio de la deuda. Lo primero que indica este asunto es el propósito del actual gobierno de incrementar sensiblemente el endeudamiento. De ese crecimiento de casi $ 60 billones, $ 37 son para servicio de la deuda pública. En el presupuesto presentado por el anterior gobierno había ya un gran crecimiento de lo destinado para servicio de deuda. Para 2026 se habían fijado $ 97 billones, e inicialmente habían propuesto un incremento de $ 18 billones, casi un 20% de un año a otro. Aquí De La Espriella le pega un segundo empujón a este ítem del Presupuesto General de la Nación 2027, poniéndolo en $ 152,5 billones, lo que significa un incremento del 25 % respecto al proyecto Petro y del 58% con relación a 2026.
En el cálculo de los ingresos, se está estimando un endeudamiento adicional de $ 239 billones de pesos, de los cuales se presume que $ 151 billones serán de crédito interno y $ 88 billones corresponderán a crédito externo.
No sobra anotar este dato: mientras el servicio de la deuda crece en un 58% respecto a este año, el funcionamiento, que prometió De La Espriella bajar, subió un 7,3%, mientras la inversión se reduce casi en un 3%. Apúntelo por ahí.
Hoy debemos más que ayer, pero menos que mañana.
Estamos en el pico más alto de la deuda histórica. El Ministerio de Hacienda ha informado que actualmente el Estado colombiano debe $1.160 billones de pesos. Eso en plata blanca quiere decir que cada uno de los 52 millones de habitantes debe $22 millones de pesos, aunque no sepa. Y lo peor, está pagando intereses a una tasa muy superior a la que se paga por el crédito hipotecario en el país. Mientras para la adquisición de vivienda hoy se consiguen créditos con tasas que rondan el 12%, estamos pagando tasas para atender la deuda pública de hasta el 14%.
Pero si la deuda crece en cerca de $ 150 billones de un año a otro, el año entrante cada colombiano ya no deberá $ 22 millones, sino $ 25,2 millones. Si lo miramos desde el punto de vista de cuánto pagamos por intereses y cuánto por abono a capital, encontraremos que el cálculo del propio Ministerio de Hacienda da cuenta de que de los $ 152 billones de pesos que se irán en servicio de la deuda, casi la mitad, $ 71 billones, irán a parar al pago de intereses.
La falacia de la comparación de nuestra deuda con la de países desarrollados.
La deuda representa hoy el 60% del PIB del país. Debemos más de la mitad de toda la riqueza que generamos en un año todos los colombianos. Los defensores del modelo de desarrollo basado en la deuda alegan que EE. UU. y Japón deben más del 100% de su PIB, para decirnos que nosotros no es que debamos tanto.
La cifra es cierta, pero la diferencia estriba en que esas naciones tienen con qué pagarla. A Japón le ingresan más dólares al año de los que envía al exterior y lo mismo pasa con otras naciones, sobre todo de Europa, que tienen altos niveles de deuda con relación a su PIB. Los nipones y algunos europeos que tienen una deuda más alta que nosotros como porcentaje del PIB, tienen de sobra con qué pagar.
Por su parte, Estados Unidos envía más dólares al exterior de los que recibe, pero esa diferencia solo representa el 3,7 % de su PIB y tiene a su favor, ni más ni menos, que emite los dólares En cambio, Colombia tiene un déficit de esa cuenta corriente de la balanza de pagos de casi el 7 % del PIB y, desde luego, no emitimos dólares.
Lo que ya había empeorado Petro con respecto a 2026 y lo que acabó de deteriorar De La Espriella en el proyecto de Presupuesto General de la Nación 2027.
Miren unos cuantos datos comparativos. En Planeación Nacional, Petro bajó de $ 1,036 billones en 2026 a $ 668 mil millones en su propuesta 2027. De La Espriella lo redujo aún más, a $ 541 billones.
En el campo de la agricultura, entre el Ministerio y las entidades adscritas, Petro había bajado con relación al de este año, de $ 3.434 billones, a $ 2.373 y De La Espriella le dio otro empujoncito y lo bajó a $ 2.259.
Para Medio Ambiente hay un comportamiento similar: Petro lo bajó con respecto a 2026 de $ 1,240 billones, a $ 818 mil millones y nuevamente De La Espriella le propina otro bajón para llegar a $ 790 mil millones.
En rubros tan sensibles como Cultura, Ciencia y Deporte ocurre lo mismo. Vean esto, Cultura: 2026 $ 1.001 billones, Petro 2027 $ 746 mil millones, De La Espriella $ 706 mil millones. Ciencia: 2026 $ 380 mil millones, Petro 2027 $ 357 mil millones, De La Espriella $ 342 mil millones. Deporte: 2026 $ 496 mil millones, Petro 2027 $ 301 mil millones, De La Espriella $ 298 mil millones. Asombra la doble moral de algunos que alzan la voz para criticar el bajón de De La Espriella, que desde luego es vergonzoso, pero callan frente a lo que propuso Petro, igualmente inaceptable.
¿Y de dónde va a salir la plata para financiar el Presupuesto General de la Nación 2027?
Ya está claro que la propuesta es que salga de más deuda y que buena parte de esta se contraerá con el FMI. Aquí entonces vale la pena contar cómo es la vuelta con el FMI. Los defensores del gobierno y su propuesta, cuando se les enrostra que los créditos con el FMI, aunque pueden tener tasas de interés inferiores, son condicionados, responden que “nadie presta plata si no se le dan las garantías para que se le pague”. Verdad a medias, pues las condiciones del FMI son y han sido factor de estancamiento y desigualdad para los países que se acogen a sus programas. Miremos experiencias recientes.
A Ecuador le prestaron y le exigieron aumentar el IVA del 12% al 15%. A Sri Lanka lo forzaron a subir el IVA, a reducir drásticamente los subsidios a la energía y a implementar un programa de privatizaciones. Por su parte, a Pakistán, al que le acaban de aprobar un paquete de más de US$ 6.000 millones, lo hicieron a cambio de cobrar impuestos a más capas de la población, subir el impuesto a las ventas y reducir las exenciones tributarias. No se quedó atrás la patria del alter ego de De La Espriella, el señor Bukele de El Salvador, allí le hicieron recientemente créditos a cambio de la reducción de salarios, eliminación de acceso a subsidios de algunos sectores sociales y no llenado de vacantes en el servicio público y otras medidas que afectan el bienestar de la población. Por su parte, en la nación gobernada por el parcero de De La Espriella, Javier Milei, el “rescate” ha tenido un doloroso costo para la población, pues ha sido a expensas de un drástico recorte del gasto público, pero no en burocracia, sino en ingresos para pensionados y trabajadores, subsidios a las universidades públicas y de más impuestos para los empresarios productores (no para los especuladores).
Es necesario entonces preguntar: ¿qué habrá acordado ya el vicepresidente en su visita al FMI en Washington? Tenemos derecho a saberlo y pronto, sobre todo antes de aprobarse el presupuesto, ya que su aprobación queda sujeta a lo que exija el FMI para financiar el gasto.
Está claro que el mayor endeudamiento se destina al gasto corriente y, como decimos por aquí, a tapar un hueco y crear otro, y no a financiar inversión, que sería tal vez el único concepto para el cual vale la pena endeudarse.
Desde luego no me opongo al uso del crédito, siempre que se utilice para apalancar el desarrollo, para construir infraestructura, para fortalecer el aparato productivo, para generar riqueza, pero el modelo del FMI es todo lo contrario y se ha probado en todos los países atrasados del mundo: profundiza la pobreza, el atraso, la dependencia y la desigualdad. Solo se ata a condiciones onerosas para servir cumplidamente la deuda, que desde luego es con el gran capital financiero internacional, especialmente estadounidense.
No se ve entonces, como tampoco se vio en el gobierno anterior, la más mínima intención de adelantar un proyecto de unidad nacional alrededor de la generación de riqueza, del aumento del PIB per cápita y el bienestar de la población, de la industrialización de Colombia, del logro de la seguridad y soberanía alimentaria. Nada de eso: más subdesarrollo, atraso, dependencia y, desde luego, más desigualdad y pobreza.
Definitivamente, el proyecto de Presupuesto General de la Nación 2027, comparando el que propuso Petro con el que propuso De La Espriella, no es otra cosa que salir de las brasas para caer en las llamas.
