El haber convertido a una variopinta de dirigentes sindicales en apéndices de su Gobierno le ha servido al presidente Gustavo Petro para adormecer e inmovilizar a la clase obrera, que pasan de agache frente a la profunda crisis económica, social y política que vive la mayoría de los colombianos, corroborada por los indicadores oficiales. Petro ha utilizado “el espíritu del cambio” de los trabajadores para ofrecerles unas cuantas “prebendas”, pactadas con el capital internacional y el gobierno de EEUU, con cuyo engaño se toman al país mientras que las Centrales Obreras, con contadas excepciones, hacen “mutis por el foro”.
El 1 de mayo, Infobae publicó: “La central sindical CGT lanzó una advertencia a propósito del Día Internacional del Trabajo… Su presidente, Jorge Iván Diez, lamentó que los últimos años hayan visto una tendencia que considera perjudicial para la causa laboral al afirmar: Los trabajadores colombianos llevamos cuatro años en los que el 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, ha sido instrumentalizado por el Gobierno como un acto de gestión de Gobierno… Un sector del sindicalismo ha invitado a un candidato a la Plaza de Bolívar para que intervenga ante los trabajadores en la conmemoración del Día Internacional del Trabajo”. Diez también denunció que el presidente Gustavo Petro se haya presentado en la conmemoración de Medellín para hacer clientelismo a favor de su candidato, Iván Cepeda.
El Día del Trabajo es una conmemoración “sagrada” de la clase obrera para recordar a los mártires de Chicago que el 1 de mayo de 1886 se congregaron “sin colores políticos, sin sesgos ideológicos, sin dogmas de fe”, detrás de una consigna unitaria: “ocho horas de trabajo, ocho horas de educación y ocho horas de descanso”. No caben los discursos politizados del presidente del país, así hubiera sido “el revolucionario” de Petro, quien hoy posa de gran líder obrero, charretera que nunca ha ganado en el campo de batalla. Es una apropiación sindical e ideológica que llena de basura del más rancio capitalismo al movimiento obrero. Los “Primeros de Mayo” han sido utilizados históricamente por la dirigencia sindical del mundo para recordarle a la población que las condiciones laborales actuales son producto de arduas luchas y de muchos sacrificios; no han sido donativos de ningún gobierno progresista capitalista.
Al petrismo le cabe la responsabilidad de dividir al movimiento obrero para engañarlo y acabar con sus conquistas, como lo está haciendo con la destrucción de Ecopetrol, el desconocimiento del régimen especial de salud del Magisterio; la “macartización” de los dirigentes sindicales en sus alucinados Consejos de Ministros; o para decir parodias risibles como que: “hoy hay más vida en Colombia… Cuando hablo con la gente me dicen que el hambre ha retrocedido”, como lo hizo en Medellín, mientras su ministro de Hacienda les hacía a los colombianos un regalo envenenado: “A partir del 1 de mayo el precio por galón de gasolina en Colombia subirá $400, y el del diésel (ACPM) un poco menos”. Pero, además, ese ministro, Germán Ávila, confirmó que el gobierno Petro subirá el pago de impuestos a millones de colombianos con una nueva reforma tributaria: “dificultades políticas y sentencias judiciales limitaron los ingresos estatales y hay urgencias financieras”, justificó. Todo esto sucede sin que en las marchas del Primero de Mayo saliera un osado grito: ¡Abajo el Gobierno de Gustavo Petro!





