Rueda de prensa en el Pentágono sobre operación militar de Estados Unidos

Tras la derrota estratégica  en Irán, Trump apuesta por la furia económica para bloquear a China

May 4, 2026 | Pasa en el mundo

El fracaso militar de Trump en Irán acelera el orden multipolar. Washington recurre a la furia económica como única herramienta frente a China y Rusia.

“Operación Furia épica” fue la consigna de guerra que utilizaron Donald Trump y Benjamín Netanyahu para atacar a Irán, por el que confiaban un “cambio de régimen” inmediato. Pero después de dos meses de agresiones no han logrado el objetivo ni ninguno de los fines que utilizaron como pretexto para iniciar esa guerra criminal. Por eso, ahora Trump solo confía en la “furia económica” para continuar asfixiando a Irán y para tratar de cortarle las rutas comerciales a China. Se configura así una nueva escalada que cada vez cobra mayores implicaciones globales.   

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La derrota militar de Estados Unidos

 Mientras Trump lanzaba al mundo entre aspavientos la narrativa de la victoria, lo que en realidad sucedía era su derrota, porque la respuesta de Irán ha hecho que las intenciones para someterla fracasaran, tanto la decapitación de la cúpula gobernante, como la opción militar y la diplomática. Y ningún ultimátum para lograr la rendición logró su cometido, como tampoco la amenaza criminal y genocida de que destruiría esa civilización hasta “hacerla regresar a la edad de piedra a la que pertenece”.

 Tratar de destruir civilizaciones como la persa, que tiene seis mil años de rica historia y cultura, no es sino una muestra de la ignorancia atrevida a la que recurre un imperio decadente dirigido por un presidente autoritario, que en realidad está llevando a su propio país a la edad de piedra. El fracaso es evidente. Ya no cuenta con ningún apoyo militar aliado y ni el Papa en Roma se le arrodilló sumiso cuando Trump le exigió ponerse de su lado.

 El supuesto ejército más poderoso del mundo no pudo vencer a Irán, porque “fue diseñado para volver a pelear la Segunda Guerra Mundial” y no para esta guerra, según el coronel norteamericano retirado Douglas McGregor (ver video). Porque la estrategia del Pentágono de utilizar portaviones y ataques navales y terrestres ya es obsoleta, mientras Irán prioriza la de los misiles, drones e interceptores, claves en la guerra moderna. Y las bases norteamericanas instaladas en los Estados monárquicos del Golfo, para atacar a Irán y defender el petrodólar, fueron destruidas de inmediato por los misiles iraníes.

La “furia épica” se desvaneció en Irán como un tigre de papel. Netanyahu sabía que el ejército israelí era incapaz de aniquilar el “régimen maldito”, por lo que confió en el norteamericano para conseguirlo. Así, Trump se vio sometido a una guerra imposible de ganar, a una guerra exigida por Netanyahu y el lobby israelí en Estados Unidos, es decir, por los donantes sionistas que ayudaron a Trump a ser elegido.

Por eso, derrotado, Trump tuvo que retroceder y suplicar un alto el fuego para iniciar la diplomacia sobre la base de las exigencias de Irán, país vencedor indiscutible, alto el fuego violado de inmediato por Israel al atacar Líbano. En las negociaciones en Islamabad, los estadounidenses pretendieron hacer lo que no lograron en el campo de batalla, es decir, la rendición de los iraníes, cosa absurda que no podía admitir la diplomacia de Teherán, por lo que las negociaciones fracasaron.

Sistema HIMARS lanza misil en operación militar de Estados Unidos

Y como al imperio decadente le atañe cercar económicamente a Irán y cortarle el flujo comercial y energético a China, recurre a la “furia económica” bloqueando sus puertos y confiscando los barcos, aunque sin poder lograrlo en el Golfo Pérsico, porque la “potente” armada norteamericana no se atreve a exponerse allí ante los misiles iraníes.

Es poco probable que Trump vuelva a recurrir a un ataque militar inmediato porque la lección que le dio Irán fue contundente y, además, le desveló sus limitaciones. Continuará buscando las negociaciones para ganar tiempo y esperar mejores días para volver a atacar, aunque Irán ya no confía en la diplomacia de Washington. Pero la cúpula sionista, en su desespero, sí es capaz de optar por la “opción Sansón” para lanzar una bomba nuclear y de paso acelerar el mito bíblico del Armagedón o el fin de los tiempos.

Cada vez más lejos de su propia visión prometida de no meterse en guerras eternas y buscar una paz duradera, lo que está haciendo Trump es acelerar la caída de su imperio con las consecuencias que ya están haciendo estragos en los ámbitos globales. El intento de acabar de someter a Asia occidental a sus designios para seguir con China y Rusia, las dos grandes potencias de Eurasia que le compiten en el campo comercial, ha encontrado en Irán un muro de contención difícil de derribar.

El mundo se dirige inexorablemente a un nuevo orden global multipolar, para dejar atrás el dominio unipolar hegemónico de Washington. Aunque el Occidente político, o Norte global, no cederá fácilmente las conquistas logradas durante cinco centurias de colonialismo y apuntaladas por Estados Unidos en los últimos 125 años, a lo que asiste el mundo es a su caída y al surgimiento incontenible de otras potencias que buscan la cooperación comercial en pie de igualdad, la diversidad productiva y la contención del monopolio económico y financiero norteamericano, para bien del Sur global.

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