En defensa de Colombia

El parlanchín y sus “mudos” Siguen los atentados en contra de la libertad de prensa

Lo más grave es que las cadenas de medios que tienen monopolizada la información han comenzado a retirar programas y periodistas que le son incómodos al ciudadano estadounidense

Publicaciones de Arlex Arias

Los colombianos “cayeron” en la moda del “populismo”, uno de los fenómenos políticos más devastadores que arrasa la economía, el aparato productivo e incluso la capacidad de razonar de la gente de cualquier país. Se pasó de Gustavo Petro, un extremista que se autodenominó de izquierda para arrastrar a los engatusados, al extremista de derecha que promete “destripar” a eso que llamaron izquierda. Los dos extremos tienen denominadores comunes: Neoliberales, pro-gringos, continuadores del “más de lo mismo” y la gracia de ser verdaderos parlanchines, rodeados de funcionarios “mudos” a los cuales no les permiten expresarse para que no opaquen al “redentor”.

En la Casa de Nariño, el Palacio de San Carlos, la Casa Blanca Criolla de Barranquilla o en la Casa de Huéspedes Ilustres de Cartagena; ya los colombianos no saben dónde ubicar al poseedor del Solio de Bolívar. Pero de seguro sí saben cómo encontrar al nuevo “redentor”: Simplemente buscan en cualquier red social y se topan con miles de imágenes, videos y alocuciones de Abelardo de La Espriella –ADLE–, ciudadano norteamericano en ejercicio presidencial de una neocolonia de los gringos allende de sus fronteras llamada Colombia. A eso condujo el fracaso de un gobierno llamado “del Cambio” que dejó una herencia de mentiras, promesas incumplidas, desorden en las finanzas, corrupción, caos, bajo crecimiento y un aparato productivo en barrena, con un desempleo estructural con más de la mitad de los trabajadores en el rebusque.

Como todos los gobernantes populistas, el ciudadano norteamericano ADLE rápidamente marcó terreno: Todo su séquito tiene que ser de funcionarios “mudos”, el único que puede hablar es él, un caracterizado parlanchín, charlatán, locuaz, cotorra, célebre y sociable; todo un culto a la personalidad del nuevo engendro redentor derechista. Es el nuevo “influencer”, de esos mismos a los que la Corte Constitucional le exigió al Gobierno nacional y al Congreso de la República para que les establezcan una regulación específica sobre los derechos y deberes de estos creadores de contenido en el entorno digital. Tiene razón el Tribunal, muchos de ellos hacen un grave daño a la humanidad.

El estadounidense ADLE sacó los lineamientos para regular su relación con los medios de comunicación, entre los que se encuentran: no conceder entrevistas ni ruedas de prensa a medios no considerados “amigos”, limitar las intervenciones de los ministros a declaraciones y centralizar la información mediante la vocería de la Presidencia. La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) advirtió que estas disposiciones pueden restringir el ejercicio periodístico y el escrutinio al Poder. Pero lo más grave es que reduce la información solo a la versión oficial, sin posibilidades de contrastarla ni de replicarla, lo cual es una clara violación a la Constitución Política.

Lo más grave es que las cadenas de medios que tienen monopolizada la información han comenzado a retirar programas y periodistas que le son incómodos al ciudadano estadounidense, como a Camila Zuluaga y su equipo de Blu Radio, previamente vetada por ADLE. Y luego RCN Televisión, que dio por terminado el contrato del caricaturista Vladimir Flórez, conocido como Vladdo. En un país en el que los grupos violentos persiguen al periodismo que denuncia, ¡el Estado no puede ser otro persecutor!

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