En defensa de Colombia

De Potencia Mundial de la Vida a la Patria Milagro

Con la “Patria milagro” viene el afianzamiento, igual que con Petro, de la recolonización neoliberal iniciada con la firma del expresidente Virgilio Barco en 1989 del Consenso de Washington.

Publicaciones de Arlex Arias

El titular permite comprimir el tránsito de ser el país menos violento y próspero donde se garantizan la paz, los derechos y el desarrollo humano, a un nuevo paraíso lleno de desarrollo producido por los milagros. Estas metáforas solo son posibles cuando quienes ejercen el poder son caracterizados populistas, que los hay tanto de izquierda como de derecha. Son aquellos que se arrogan el derecho de representar a todo un pueblo y ejercer atribuciones, hasta las más descabelladas, a nombre de ese pueblo. Como sus contenidos son los mismos, pero con distintas formas, sus resultados son los mismos, pero suelen seducir con lemas rimbombantes como: “Colombia, potencia mundial de la vida”, de Petro, o “La Patria Milagro” de De la Espriella.

La “Potencia mundial de la vida” dejó un país sumido en la violencia. Su equivocada estrategia de paz fortaleció a los grupos armados ilegales, así como a la criminalidad organizada, rural y urbana, disparando el secuestro, la extorsión, el sicariato, el robo, el atraco, etc. Sobre este fracaso, el populismo de derecha sentó sus reales para regresar al Poder. Pero, además, ese populismo de supuesta izquierda mantuvo al país tutelado por los EEUU, anexada su economía con el TLC, sujeto al FMI y al Banco Mundial; aumentó la deuda externa y permitió el tránsito de tropas estadounidenses por el territorio nacional y la instalación de un nuevo puesto de guardacostas en la isla de Gorgona. Es toda una farsa decir que el Gobierno Petro fue de izquierda, cuando él mismo ha negado serlo, pero consiguieron el objetivo de estigmatizar a toda la izquierda con un pésimo gobierno que no la representó. Fue un gobierno de “más de lo mismo”.

Entrados en la “Patria milagro”, hay que tener claro que, con ese tutelaje de EEUU, a Colombia le espera más de lo mismo, puesto que haciendo lo mismo no se pueden esperar resultados diferentes. Es muy grave que Abelardo de la Espriella se haya posesionado sin renunciar a la ciudadanía estadounidense, ya que para obtenerla juró “renunciar absolutamente a toda lealtad y fidelidad a cualquier soberanía o Estado extranjero del que se haya sido ciudadano”, adquirió “el compromiso de apoyar y defender la Constitución y las leyes de los EEUU contra todo enemigo” y se obligó “de prestar servicio militar o de portar armas en nombre de EEUU cuando la ley lo requiera”.

Abelardo de la Espriella, defendiendo su compromiso con EEUU, el 7 de agosto de 2026, según el artículo 192 de la Constitución de Colombia, juró a Dios y prometió “al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia”, dando cumplimiento al artículo 188 de la Carta que señala que “al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, se obliga a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos”. Al haberle jurado lealtad eterna al “tío Sam”, De la Espriella no tiene la capacidad para defender la Constitución y los intereses de los colombianos. Ese es un problema de Soberanía de la patria, que es lo primero que tienen que recuperar los colombianos.

Con la “Patria milagro” viene el afianzamiento, igual que con Petro, de la recolonización neoliberal iniciada con la firma del expresidente Virgilio Barco en 1989 del Consenso de Washington. Lo expresó el presidente De la Espriella: “Uno de mis primeros actos de gobierno será suscribir el Escudo de las Américas”, además de mantener el TLC con EEUU, el mismo que arruinó la industria y el sector agropecuario nacionales. ¡Entre la Potencia mundial de la vida y la Patria milagro, el eslabón es el imperio! 

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