• Manuel Naranjo

    Actor, Tecnólogo en Entrenamiento Deportivo, estudiante de Profesional en Cultura Física y Deporte y columnista de opinión.

¡Que vuelva Robledo, que vuelva el 10!

Mar 7, 2026

Porque lo bueno siempre vuelve: ¡que vuelva Robledo, que vuelva 10!
  • Manuel Naranjo

    Actor, Tecnólogo en Entrenamiento Deportivo, estudiante de Profesional en Cultura Física y Deporte y columnista de opinión.

¡Que vuelva Robledo, que vuelva el 10!

Mar 7, 2026

Porque lo bueno siempre vuelve: ¡que vuelva Robledo, que vuelva 10!

El cambio más evidente que ha tenido el fútbol en la última década fue haber pasado de ser un deporte donde se priorizaba el talento y la habilidad de los jugadores con el balón a que lo fundamental fuesen las capacidades físicas y los esquemas tácticos. Como consecuencia, ha perdido mucho de ese atractivo juego vistoso y desbordante que sólo los mejores jugadores eran capaces de demostrar. Ahora el deporte rey es visto muchas veces como algo monótono y sin sustancia, donde no se puede apreciar algo verdaderamente especial.

El cambio también ha traído un efecto bastante trágico, y es haber suprimido la figura del jugador más importante y vistoso de todos, el 10. Ese jugador clásico que representa al individuo, factor diferencial de cualquier equipo; el que con su talento, habilidad con la pelota y liderazgo lograba que cada encuentro fuese mucho más que mero entretenimiento y pasara a ser una experiencia trascendental.

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Una degradación similar se ha podido evidenciar en la política colombiana durante el último cuatrienio, especialmente en el Senado, donde los debates informados, las propuestas bien fundamentadas y el control político han sido reemplazados por la falta de preparación y las peleas absurdas. Los temas verdaderamente importantes y relacionados con el desarrollo del país quedan tristemente relegados, mientras la mediocridad y la improvisación abundan.

A la política en Colombia le hace falta urgentemente un 10. En lo que a fútbol respecta, no hay por qué angustiarse, pues tenemos al gran James Rodríguez, capaz de cumplir el papel a la perfección. Pero en el Congreso, la ausencia de una figura destacable preocupa, y mucho.

Por fortuna, entre la amplia gama de candidatos para estas elecciones legislativas, destaca un nombre: El del hombre que por diez años consecutivos fue considerado el mejor senador de Colombia, Jorge Enrique Robledo. Curiosamente, en la coalición que conformaron los partidos MIRA, Nuevo Liberalismo y Dignidad y Compromiso, le fue asignado a Robledo el número 10. Coincidencia que resulta más que apropiada, pues es difícil pensar en ningún otro líder político de la actualidad que logre estar a la altura de lo que el número insignia significa.

Las razones abundan, pero me gustaría destacar puntualmente las que demuestran que a Jorge Enrique Robledo se le puede catalogar como el mejor equivalente a un 10 en la política colombiana:

  • Valentía: el 10 de un equipo nunca ha de arrugarse ni demostrar temor, sea cual sea el adversario que enfrente. Jorge Robledo es el colombiano que más debates de control político ha realizado en la historia del Congreso, muchos en contra de la corrupción y el clientelismo. Con sus denuncias se ha enfrentado a cuanto poderoso corrupto hay en el país. Nunca le ha temblado el pulso a la hora de mostrarles a los colombianos la desbordada corrupción que tiene estancada a la nación. Resulta a la vez inspiradora la integridad y convicción con la que la enfrenta.
  • Inteligencia: Un 10 sobresaliente siempre debe tener la capacidad de análisis para determinar cuál es la situación en la que se encuentra el equipo y razonar las mejores soluciones. Robledo se ha caracterizado siempre por hacer intervenciones sustentadas en datos y en la realidad que afronta el país. Esto le ha permitido destacar y ser un polo a tierra frente a los múltiples despropósitos que pueden llegar a ocurrir en el legislativo. No hay mejor manera de sintetizarlo que con las palabras del maestro Carlos Gaviria: “Jorge Robledo es el parlamentario más brillante que el país ha tenido en muchos años”.
  • Asertividad: un buen 10 ha de tener la claridad y la capacidad de ser asertivo a la hora de identificar las deficiencias del equipo y cómo solucionarlas. Robledo acierta al establecer que el génesis de muchos de los males de Colombia es el subdesarrollo. Atina al plantear que, para poder salir de esta condición de atraso, hay que dejar de aplicar las recetas económicas neoliberales y promover una economía de mercado que de verdad estimule la generación de fuentes de empleo y riqueza, con el fin de elevar la calidad de vida de los habitantes de la nación.
  • Defender: a pesar de que su posición naturalmente se encuentra en el medio campo, el 10 ha de estar dispuesto a defender cualquier flanco de su equipo que se encuentre bajo ataque del rival. Jorge Enrique Robledo se ha caracterizado por ser un defensor del pueblo colombiano ante las injusticias del modelo económico neoliberal, el cual ha sido perjudicial tanto para el empresariado como para los trabajadores, todos azotados por los efectos del libre comercio, la pérdida de la soberanía, las políticas económicas retardatarias y las privatizaciones.
  • Unión y liderazgo: el 10 no solamente hace referencia al mejor jugador del club, sino al líder natural dentro del campo, aquel que es capaz de unir en un mismo propósito a los integrantes del equipo, independientemente de las diferencias que puedan llegar a tener entre sí. Desde la gran movilización cafetera en 1995, donde Robledo y la Unidad Cafetera Nacional lograron unir tanto a campesinos e indígenas como a empresarios del café, e incluso a la Iglesia Católica, con el propósito de que el Gobierno nacional condonara las deudas bancarias de los productores, Robledo siempre ha promovido la unión de todas las clases y sectores sociales en un mismo objetivo: que en Colombia se pueda generar el empleo formal y la riqueza suficiente para salir del subdesarrollo y que nuestra nación logre alcanzar el nivel que, como país, podemos llegar a ser.

Robledo es un auténtico crack, con muchas cualidades y talentos y ejerce el oficio político, no como un negocio, sino con la consigna de ser un servidor público. Es el 10 que necesita Colombia, y este 8 de marzo somos nosotros, los colombianos, los que tendremos la oportunidad de permitirle a este fuera de serie regresar al Senado para seguir demostrando que la dignidad y el amor por nuestro país no tienen precio.

Porque lo bueno siempre vuelve: ¡que vuelva Robledo, que vuelva 10!

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