Trump cede en Asia occidental y firma acuerdo que sabotea Israel

por Jorge Enrique Esguerra Leongómez | Jun 22, 2026 | Pasa en el mundo

El Memorándum de Entendimiento entre Trump e Irán representa una rendición de Estados Unidos, porque acepta las exigencias iraníes y exige frenar los ataques de Israel contra el Líbano.

El acuerdo que firmaron a distancia Donald Trump y la dirigencia iraní, después de tres meses y medio de agresiones ilegales de Estados Unidos e Israel contra Irán, es un Memorándum de Entendimiento entre las partes, que incluye como punto central el cese de los ataques de Israel al Líbano.

 El Memorándum es sin duda una rendición de Estados Unidos, porque ahí están incluidas todas las exigencias de Irán, las mismas que su diplomacia, con la mediación de Paquistán, había puesto desde hacía varias semanas sobre la mesa.

 El Memorándum, que incluye 14 puntos debía ser ratificado en forma presencial en Suiza, pero un nuevo bombardeo de Israel sobre el Líbano amenaza con sabotearlo. Por eso, mientras se clarifica la situación y se hace un análisis más pormenorizado, es imprescindible mostrar, apoyados en la historia, las razones por las que Israel ha ocupado y agredido al Líbano desde hace cerca de 50 años, y el surgimiento del eje de la resistencia que lo ha contenido.     

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Columna de humo sobre una ciudad durante bombardeos en el Líbano

Por qué Israel involucró al Líbano en esta guerra de agresión

 La estrategia política del Estado de Israel ha sido aprovechar sus guerras de agresión con el fin de anexarse territorios, lo que el derecho internacional define como violación de la soberanía de los países agredidos y ocupados. Así sucedió en la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, en la que Israel atacó a una coalición árabe formada por Egipto, SiriaJordania e Irak, y la aprovechó para ocupar permanentemente territorios de esos países.

 Es exactamente lo que sucede en esta guerra, en la que Estados Unidos e Israel atacaron a Irán, y de nuevo fue el Líbano el otro país agredido. Porque los bombardeos sobre ese país, concretamente para apoderarse del fértil valle del río Litani y otras regiones del sur, son de larga data. Israel intenta otra vez lograr lo que no pudo en las décadas de 1980, 1990 y 2000, debido a la resistencia del movimiento Hezbolá, que se conformó y armó para defender la soberanía del Líbano y siempre logró que Israel se retirara.

 El mismo día en que Estados Unidos atacó a Irán, el 28 de febrero, también lo hizo Israel contra el Líbano, sin existir ninguna provocación. Y cuando se decretó el alto el fuego el 10 de abril, inmediatamente Israel lo violó atacando a Beirut, la capital del Líbano, ocasionando cientos de muertos, la mayoría civiles. La cifra total de víctimas mortales en el Líbano asciende a cerca de 4.000 desde el inicio de la ofensiva israelí, que ha causado más de un millón de desplazados. Los bombardeos y ataques con drones han afectado a Beirut, a la histórica ciudad de Tiro, a Nabatieh y a otras regiones del sur.

Benjamín Netanyahu durante una intervención pública en el Hudson Institute

Naturaleza ideológica del sionismo

 Israel está trasladando al Líbano la limpieza étnica de Palestina y repitiendo allí el genocidio de Gaza. Es el proceder de un Estado cuya naturaleza es el supremacismo étnico, algo similar al supremacismo nazi, basado en la superioridad racial. La naturaleza supremacista del Estado de Israel atañe a la ideología del sionismo político, que explica la intención de Israel de ocupar la mayor extensión territorial para el “pueblo judío”, limpiándola de habitantes no judíos.

 Hay que dejar en claro que el sionismo es una ideología política diferente a la creencia religiosa judía, aunque sí instrumentaliza su teología —Sion=monte del Templo de Jerusalén— para hacer realidad los dos mitos bíblicos que se desprenden de ella, el “pueblo elegido” y la “tierra prometida”. 

Esa “tierra prometida” es la que hoy considera el sionismo como “Gran Israel”, que corresponde al mítico territorio que Yavé le había prometido a Abraham hace más de dos milenios, “desde el río de Egipto o Nilo hasta el gran río Éufrates” (Génesis, 15:18). Pero la concepción del Gran Israel de los colonos europeos que llegaron a Palestina nunca consideró que esa tierra estaba ya ocupada por quienes no fueron elegidos por Yavé para obtenerla, que actualmente son los nativos palestinos, libaneses, sirios, iraquíes, kuwaitíes, jordanos, saudíes y egipcios (ver mapa).

Mapa que representa la idea territorial del denominado Gran Israel

Como vemos, los libaneses están incluidos entre los “no elegidos”. Y si nos referimos a lo que expresara el principal artífice del Estado de Israel en 1948, David Ben-Gurion o David Grün, de ascendencia polaca, encontramos las intenciones que desde entonces imperaban:

Estableceremos un Estado cristiano en el Líbano, cuya frontera meridional será el río Litani. Invadiremos Transjordania, bombardearemos Ammán y destruiremos sus ejércitos, y luego caerá Siria, y si Egipto todavía quiere continuar peleando, bombardearemos Puerto Said, Alejandría y El Cairo. Esto será en venganza por lo que ellos (los egipcios, los arameos y los asirios) hicieron a nuestros antepasados en tiempos bíblicos. (Ben Gurión, Diario, 24 de mayo de 1948, citado en Pappé, 2006).

Y el mismo Ben-Gurion declaraba, después de la partición (léase apartheid) del territorio de Palestina por la ONU, en 1947, que “el futuro Estado judío no tiene fronteras territoriales” (Ibid.). Por eso podemos afirmar que la ambición territorial del sionismo no tiene límites, y es la que explica el apartheid, la limpieza étnica, el genocidio y la ocupación de Israel de todo el territorio de Palestina, incluidas Gaza y Cisjordania, los Altos del Golán en Siria y el sur del Líbano.

El “eje de la resistencia”

 La fuerza de contención armada ante el constante ataque sionista está representada por el llamado “eje de la resistencia”, en el cual Hezbolá ha cumplido un papel destacado en el Líbano. Es un movimiento político libanés, con gran respaldo entre la población, pero excluido del gobierno cristiano maronita libanés, títere de Estados Unidos, y, por tanto, aliado de Israel.

 Como Irán apoya al eje de la resistencia que defiende la soberanía de los países que no se someten a la hegemonía y la agresión sionista-norteamericana, Netanyahu y Trump acusan al país atacado de estar financiando a “grupos terroristas”, entre los que se considera a Hezbolá como uno de los que hay que desarmar para dejar que los sionistas sigan expandiendo sus fronteras en pro del Gran Israel.

 Es necesario insistir en que Hezbolá es un movimiento de resistencia que está avalado incluso por el Derecho Internacional (Resolución 2625 de la Carta de la ONU), porque defiende mediante la lucha armada la autodeterminación del Líbano ante la ocupación israelí. Y como también debe acogerse al Derecho Internacional Humanitario para evitar atacar civiles, Hezbolá lo ha acatado, al contrario de lo que hace Israel agrediendo a la población desarmada, por lo que se pueden tachar las acciones genocidas del Estado sionista como terrorismo de Estado.     

 Irán se ha constituido así en el único país que defiende los movimientos de resistencia en Asia occidental en apoyo a la autodeterminación. Por eso, en el Memorando de Entendimiento que actualmente se pretende concretar entre Estados Unidos e Irán, el primer punto es el que exige que se incluya al Líbano entre los frentes de guerra de los que Israel debe retirarse. Eso significaría una derrota para Israel después de décadas de ocupación de los territorios que no le pertenecen y cuyos habitantes son contrarios a su concepción teológica. Y por eso, Israel sabotea el Memorando de Entendimiento.

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