Así como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), a través de su directora, María Carolina Restrepo, ordenó excluir la palabra “niñas” de la comunicación institucional para reemplazarla por el término general “niñez”, el Gobierno de Abelardo de la Espriella envió el 8 de este mes al ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, a notificarle al Congreso de la República, en sus Comisiones Económicas conjuntas, que el Gobierno dejaría de usar la palabra “campesinos” para referirse a los productores de alimentos para convertirlos en “emprendedores”: “No se van a llamar campesinos, se van a llamar pequeños empresarios del campo. Campesino es despectivo. Acá les vamos a elevar el estatus a los que producen los alimentos del país”.
Lo anterior hace parte del modelo neoliberal que con palabrería busca cambiar la caracterización y la naturaleza de todo vestigio social. Ahora a los que se rebuscan los volvieron “emprendedores”. Pero los más importantes ideólogos e historiadores les dieron a los campesinos las connotaciones de ser una clase social, que no se desnaturaliza porque les cambien el nombre. Es indudable que en el desarrollo de la historia la clase campesina ha sufrido las transformaciones propias del avance de los métodos y las relaciones de producción, pero porque le cambien el nombre no perderá sus características universales obtenidas como producto de la aparición de la agricultura, qué por lo tanto, no le pertenecen a ningún país ni gobierno, pues es la clase social que trabaja la tierra, produce la comida y genera los excedentes con base en los cuales se desarrolló toda nuestra civilización. Es un orgullo ser campesino
En Colombia la clase campesina se afianza a partir de las comunidades indígenas que tenían su agricultura comunal, transformada por las instituciones de la Conquista española como la Encomienda, la Mita y la Hacienda y el latifundio, que se apropiaron de grandes tierras baldías, despojando a los indígenas y mestizos. Hoy la clase campesina tiene su vigencia y reconocimiento social y legal en la Constitución, desarrollada en Actos Legislativos, Leyes, Decretos y Sentencias de la Corte Constitucional, y su vigencia económica se resume en que en Colombia, su clase campesina es la que garantiza la soberanía alimentaria, produciendo entre el 73 y el 83 % de los alimentos que se consumen en las ciudades, pero además, son guardianes del ambiente y tienen su propia identidad cultural con sus tradiciones musicales que reflejan la alegría, la sencillez y el amor por la naturaleza.
Aunque Colombia desarrolla un sistema agrícola dual – producción de campesinos, indígenas y consejos comunitarios y la de empresarios–, la jugarreta del ministro Dangond de reemplazar a los campesinos por “pequeños empresarios” es para dejar toda la producción concentrada en las multinacionales, poniendo en peligro la soberanía alimentaria y envileciendo a 14,9 millones de campesinos que son el 28,5 % de la población. Esa intención esta develada en el presupuesto para los productores en el 2027, de $938.280 millones, con un recorte del 32 %, y para todo el sector agropecuario, que pasa de $4,1 a $2,7 billones, un recorte del 34,1 %. Al convertir a los campesinos en empresarios, estos no podrán reclamar crédito oportuno, barato y suficiente, es decir, crédito de fomento; pero además desestimulan la lucha de clases. ¡La clase campesina será la gran aliada de los obreros para la más grande transformación de Colombia!Así como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), a través de su directora, María Carolina Restrepo, ordenó excluir la palabra “niñas” de la comunicación institucional para reemplazarla por el término general “niñez”, el Gobierno de Abelardo de la Espriella envió el 8 de este mes al ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, a notificarle al Congreso de la República, en sus Comisiones Económicas conjuntas, que el Gobierno dejaría de usar la palabra “campesinos” para referirse a los productores de alimentos para convertirlos en “emprendedores”: “No se van a llamar campesinos, se van a llamar pequeños empresarios del campo. Campesino es despectivo. Acá les vamos a elevar el estatus a los que producen los alimentos del país”.
Lo anterior hace parte del modelo neoliberal que con palabrería busca cambiar la caracterización y la naturaleza de todo vestigio social. Ahora a los que se rebuscan los volvieron “emprendedores”. Pero los más importantes ideólogos e historiadores les dieron a los campesinos las connotaciones de ser una clase social, que no se desnaturaliza porque les cambien el nombre. Es indudable que en el desarrollo de la historia la clase campesina ha sufrido las transformaciones propias del avance de los métodos y las relaciones de producción, pero porque le cambien el nombre no perderá sus características universales obtenidas como producto de la aparición de la agricultura, qué por lo tanto, no le pertenecen a ningún país ni gobierno, pues es la clase social que trabaja la tierra, produce la comida y genera los excedentes con base en los cuales se desarrolló toda nuestra civilización. Es un orgullo ser campesino
En Colombia la clase campesina se afianza a partir de las comunidades indígenas que tenían su agricultura comunal, transformada por las instituciones de la Conquista española como la Encomienda, la Mita y la Hacienda y el latifundio, que se apropiaron de grandes tierras baldías, despojando a los indígenas y mestizos. Hoy la clase campesina tiene su vigencia y reconocimiento social y legal en la Constitución, desarrollada en Actos Legislativos, Leyes, Decretos y Sentencias de la Corte Constitucional, y su vigencia económica se resume en que en Colombia, su clase campesina es la que garantiza la soberanía alimentaria, produciendo entre el 73 y el 83 % de los alimentos que se consumen en las ciudades, pero además, son guardianes del ambiente y tienen su propia identidad cultural con sus tradiciones musicales que reflejan la alegría, la sencillez y el amor por la naturaleza.
Aunque Colombia desarrolla un sistema agrícola dual – producción de campesinos, indígenas y consejos comunitarios y la de empresarios–, la jugarreta del ministro Dangond de reemplazar a los campesinos por “pequeños empresarios” es para dejar toda la producción concentrada en las multinacionales, poniendo en peligro la soberanía alimentaria y envileciendo a 14,9 millones de campesinos que son el 28,5 % de la población. Esa intención esta develada en el presupuesto para los productores en el 2027, de $938.280 millones, con un recorte del 32 %, y para todo el sector agropecuario, que pasa de $4,1 a $2,7 billones, un recorte del 34,1 %. Al convertir a los campesinos en empresarios, estos no podrán reclamar crédito oportuno, barato y suficiente, es decir, crédito de fomento; pero además desestimulan la lucha de clases. ¡La clase campesina será la gran aliada de los obreros para la más grande transformación de Colombia!Así como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), a través de su directora, María Carolina Restrepo, ordenó excluir la palabra “niñas” de la comunicación institucional para reemplazarla por el término general “niñez”, el Gobierno de Abelardo de la Espriella envió el 8 de este mes al ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, a notificarle al Congreso de la República, en sus Comisiones Económicas conjuntas, que el Gobierno dejaría de usar la palabra “campesinos” para referirse a los productores de alimentos para convertirlos en “emprendedores”: “No se van a llamar campesinos, se van a llamar pequeños empresarios del campo. Campesino es despectivo. Acá les vamos a elevar el estatus a los que producen los alimentos del país”.
Lo anterior hace parte del modelo neoliberal que con palabrería busca cambiar la caracterización y la naturaleza de todo vestigio social. Ahora a los que se rebuscan los volvieron “emprendedores”. Pero los más importantes ideólogos e historiadores les dieron a los campesinos las connotaciones de ser una clase social, que no se desnaturaliza porque les cambien el nombre. Es indudable que en el desarrollo de la historia la clase campesina ha sufrido las transformaciones propias del avance de los métodos y las relaciones de producción, pero porque le cambien el nombre no perderá sus características universales obtenidas como producto de la aparición de la agricultura, qué por lo tanto, no le pertenecen a ningún país ni gobierno, pues es la clase social que trabaja la tierra, produce la comida y genera los excedentes con base en los cuales se desarrolló toda nuestra civilización. Es un orgullo ser campesino
En Colombia la clase campesina se afianza a partir de las comunidades indígenas que tenían su agricultura comunal, transformada por las instituciones de la Conquista española como la Encomienda, la Mita y la Hacienda y el latifundio, que se apropiaron de grandes tierras baldías, despojando a los indígenas y mestizos. Hoy la clase campesina tiene su vigencia y reconocimiento social y legal en la Constitución, desarrollada en Actos Legislativos, Leyes, Decretos y Sentencias de la Corte Constitucional, y su vigencia económica se resume en que en Colombia, su clase campesina es la que garantiza la soberanía alimentaria, produciendo entre el 73 y el 83 % de los alimentos que se consumen en las ciudades, pero además, son guardianes del ambiente y tienen su propia identidad cultural con sus tradiciones musicales que reflejan la alegría, la sencillez y el amor por la naturaleza.
Aunque Colombia desarrolla un sistema agrícola dual – producción de campesinos, indígenas y consejos comunitarios y la de empresarios–, la jugarreta del ministro Dangond de reemplazar a los campesinos por “pequeños empresarios” es para dejar toda la producción concentrada en las multinacionales, poniendo en peligro la soberanía alimentaria y envileciendo a 14,9 millones de campesinos que son el 28,5 % de la población. Esa intención esta develada en el presupuesto para los productores en el 2027, de $938.280 millones, con un recorte del 32 %, y para todo el sector agropecuario, que pasa de $4,1 a $2,7 billones, un recorte del 34,1 %. Al convertir a los campesinos en empresarios, estos no podrán reclamar crédito oportuno, barato y suficiente, es decir, crédito de fomento; pero además desestimulan la lucha de clases. ¡La clase campesina será la gran aliada de los obreros para la más grande transformación de Colombia!
