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PISA 2025: ¿qué educación estamos defendiendo después de 24 años de reformas neoliberales?

Los resultados de las pruebas PISA 2025 son alarmantes y vuelven a poner sobre la mesa la crisis por la que atraviesa la educación, no solo en Colombia sino en buena parte del mundo.

Château de la Muette en París con letrero PISA OECD

Nuestros estudiantes obtuvieron, en PISA 2025, 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias, muy por debajo de los promedios de la OCDE. Solo el 29 % alcanzó el nivel mínimo de competencia en matemáticas, el 46 % en lectura y el 50 % en ciencias.

Como educadora, es necesario preguntarnos qué estamos haciendo en el aula para contribuir a mejorar este panorama. Como dirigente sindical, me pregunto si hemos hecho lo suficiente para defender una educación científica y de alta calidad.

Sin embargo, no deja de causarme desconcierto observar cómo los portavoces del gobierno de De La Espriella, junto con congresistas y dirigentes políticos de partidos que históricamente han hecho parte del establecimiento y buena parte de los medios de comunicación, sustraen convenientemente la educación de las condiciones reales del mundo y del país para endosar sus responsabilidades a los mismos presuntos culpables de siempre, los maestros y sus organizaciones gremiales.

La pregunta es entonces si este señalamiento no busca convertir a los docentes en chivos expiatorios para continuar en su campaña de desprestigio hacia lo público y crear un ambiente favorable para avanzar hacia la privatización de la educación pública, como queda claro en el proyecto de reforma al Decreto 1075 presentado por el Ministerio de Educación del Gobierno de Abelardo De La Espriella, con el que se busca sentar las bases para entregar la infraestructura y los recursos públicos a confesiones religiosas y concesionarios privados.

En lugar de resolver el problema, la medida lo profundizaría, pues está claro que el sector privado se mueve con criterio de ganancia y la calidad seguirá siendo la más sacrificada.

Es necesario abrir un debate de fondo sobre el modelo educativo impuesto durante las últimas dos décadas y preguntarnos ¿qué educación estamos defendiendo? A partir de esta pregunta, habrá que examinar qué resultados han dejado 24 años de reformas educativas y si el deterioro en comprensión lectora, matemáticas y ciencias que muestran las pruebas hace parte de un retroceso más amplio de la educación a escala mundial.

Niños con uniforme azul permanecen sentados en un salón de clase
Niños en un salón de clase. Fuente: Armstrong Opulency| Pexels

PISA 2025, ¿qué educación estamos defendiendo?

Los resultados de PISA 2025 también llevan a preguntarse qué estamos haciendo y qué educación queremos defender. La pregunta no puede reducirse a cómo subir unos puntos en una prueba estandarizada. Las dichosas pruebas PISA, que los neoliberales aceptan como una suerte de verdad revelada por el solo hecho de provenir de la OCDE, tampoco constituyen el reflejo de lo que realmente debería entenderse por calidad educativa. Estandarizar el conocimiento solo conduce a reducir su complejidad a una medida arbitraria que poco aporta a la formación integral de los estudiantes.

La pregunta fundamental debe ser cómo lograr que nuestros estudiantes desarrollen realmente la capacidad de comprender el mundo, apropiarse de los conocimientos más avanzados de la humanidad y utilizar esos conocimientos para transformarlo.

El deber que tenemos en educación es llevar a las aulas el conocimiento más acabado del universo, el estudio de la naturaleza a la luz de los últimos descubrimientos, la comprensión de sus leyes de acuerdo con los avances teóricos, el estudio de la evolución de la vida y de la humanidad, el conocimiento de las matemáticas, el mundo de la física, de la biología, el reconocimiento de nuestras especies y de la diversidad que tenemos, y de los demás campos de la ciencia, el manejo de la técnica, el análisis de la historia mundial y nacional, el estudio de la geopolítica, el encanto de la literatura, las artes, el trabajo con el cuerpo humano, la disertación filosófica, ética, en fin, todo el espectro de la sabiduría sobre la realidad toda, que es el objeto propio de la educación.

¿Estamos formando seres humanos para que puedan afrontar las circunstancias de la vida, del mundo, de su propio país, del trabajo y de la producción, en las mejores condiciones posibles, y adquieran la capacidad de contribuir a su transformación? ¿Existen las condiciones materiales para cumplir con este propósito?

Mujer camina frente a pancarta de Fecode en una movilización
Movilización con pancarta de Fecode. Fuente: archivo suministrado.

24 años de reformas neoliberales y un saldo nefasto para los estudiantes

Las reformas neoliberales han tenido consecuencias devastadoras para el sector educativo en su conjunto. El magisterio ha soportado el recorte paulatino de sus derechos y una creciente sobrecarga laboral que no se corresponde con salarios dignos ni con la dedicación y responsabilidad que exige su labor.

Para los estudiantes, el resultado ha sido perverso porque se impuso un modelo que flexibiliza su tránsito por la escuela y reduce las exigencias académicas. Como señaló José Fernando Ocampo (2016), esta política educativa contiene las llamadas “siete plagas de la educación”, entre las cuales se encuentran:

1. La promoción automática. Bajo el argumento de que la repitencia y la deserción son los principales males de la educación, se flexibilizó la promoción de los estudiantes, incluso cuando no alcanzan los objetivos previstos para cada grado. Esto debilita el sentido de la evaluación y transmite la idea de que avanzar en el sistema escolar no depende necesariamente de la apropiación del conocimiento.

2. La ausencia del preescolar de tres grados. Los gobiernos han incumplido lo establecido en la Ley General de Educación y los acuerdos suscritos con Fecode respecto del acceso universal a este nivel, privando a muchos niños de una etapa fundamental para su desarrollo psicoafectivo y profundizando las desigualdades sociales.

3. El hacinamiento de estudiantes. La reducción de la inversión y las lógicas de eficiencia propias del mercado han favorecido aulas con 40 ó 45 estudiantes, condiciones que dificultan una formación adecuada y el desarrollo del pensamiento crítico. ¿Qué pensamiento crítico se puede incentivar en aulas de clase con semejante número de estudiantes por profesor?

4. La imposición de estándares y competencias. Este modelo, basado en el idealismo subjetivo y el constructivismo, responde, desde esta perspectiva, a las necesidades de un sistema que busca reducir costos y adaptar la educación a una economía rezagada. La estandarización del conocimiento termina subordinando la formación a las lógicas del neoliberalismo y la globalización, en detrimento de una educación científica y de la autonomía escolar.

6. La homogeneización de la educación mediante las pruebas Saber y PISA. Como señala Ocampo (2016), la Ley General de Educación había representado un avance al reconocer la autonomía escolar y dejar al Estado la responsabilidad de financiar la educación. Sin embargo, las pruebas estandarizadas se han convertido en uno de los principales instrumentos para imponer el enfoque de competencias a escala mundial. En lugar de fortalecer la apropiación de los conocimientos más avanzados, han impulsado una carrera por obtener buenos resultados en las pruebas.

7. La implementación de la doble jornada escolar. La doble jornada, concebida para operar dos colegios con los recursos destinados a uno y reducir las horas de clase, fue cuestionada por el magisterio y posteriormente enfrentada mediante la Ley 115, que estableció la jornada única. Sin embargo, los gobiernos de Santos, Duque y el actual han prometido aplicarla sin garantizar la financiación necesaria ni respetar plenamente la autonomía escolar.

En conjunto, estas políticas han profundizado la desfinanciación y debilitado tanto las condiciones de enseñanza como las posibilidades de los estudiantes de acceder a una formación científica, integral y de alta calidad. El problema, por tanto, no puede reducirse a señalar a los maestros. Es necesario examinar críticamente los resultados de 24 años de reformas y el modelo educativo que estas han impuesto.

Niño escribe en tablero lleno de fórmulas matemáticas y científicas
Niño frente a un tablero con fórmulas. Fuente: Vitaly Gariev| pexels

PISA 2025, la crisis de las matemáticas, las ciencias y la lectura es mundial

La OCDE reportó que PISA 2025 registró los peores resultados promedio de sus países miembros en matemáticas y lectura, con uno de cada cinco jóvenes de 15 años presentando bajo desempeño simultáneo en ciencias, matemáticas y lectura.

Entre 2022 y 2025, los promedios cayeron nueve puntos en matemáticas y cerca de catorce en lectura. El caso de España confirma la tendencia, con resultados inferiores a los de 2015 y nuevas caídas frente a 2022.

Al contrario de lo que sucede aquí, en donde todo lo resuelven culpando a los docentes, en estos países están reflexionando sobre el fenómeno. En España llaman la atención sobre factores como los cambios en las formas de aprendizaje, la pérdida de atención, el uso de dispositivos digitales y las transformaciones familiares y sociales.

En cuanto a la tecnología, aclaran que el uso de esta tampoco es, por sí misma, el problema; sus efectos dependen del uso que se haga de ella.

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