Los bonzos son sacerdotes o monjes budistas originarios de Asia Oriental y el nombre es adoptado del japonés bōzu. La visión general de IA de Google describe que el 11 de junio de 1963 en Saigón, Vietnam del Sur, el monje Thich Quang Duc se inmoló rociándose con gasolina y prendiéndose fuego para protestar contra las políticas represivas del gobierno hacia el budismo. De ahí se desprende la expresión a la que muchas personas se hacen merecedoras por su extrema obediencia a una religión, secta, dogma de fe o un “ídolo” político. Muchos de ellos adoran hasta a ídolos de barro, quienes los arrastran de tal manera que les hacen perder el juicio y la razón. El presidente Petro tiene su séquito de bonzos, a los que no les importa sus mentiras y equivocaciones, ni que le haya “vendido el alma al diablo”. Los bonzos sindicales petristas terminaron siendo utilizados para más de lo mismo: corrupción, clientelismo y politiquería.
El 19 de mayo de 2025, Gustavo Bolívar –el mismo que le declaró “amor eterno” al presidente Gustavo Petro en un Consejo de Ministros, cuando fungía como Director del Departamento de Prosperidad Social– dijo que su “ídolo” le “vendió el alma al diablo”. En una entrevista con José Manuel Acevedo, director de noticia RCN, dijo: “Yo lo disculpo que se meta con esta clase política, porque su fin último era sacar unas reformas sociales (…) Eso ya pagó la vendida del alma al diablo, porque es lo que le tocó hacer al presidente, porque su lucha es la justicia social”, afirmó Bolívar, entonces precandidato presidencial; y, sin mencionar nombres, aseguró que hay una clase política enquistada a la que el jefe de Estado se tuvo que unir para ser elegido. En esa coalición gubernamental, politiquera y corrupta, quedaron atrapados los bonzos sindicales petristas, que también le vendieron el alma a ese ídolo de barro, que los compensa con una frondosa burocracia sindical y poder politiquero.
A cambio, los bonzos sindicales le entregaron a Petro los principios del sindicalismo mundial, que tiene entre sus ejes la independencia, la autonomía y el pluralismo, las principales herramientas para enfrentar a gobiernos y patronos. Está probado que el gobierno de Petro gira alrededor del neoliberalismo, es absolutamente pro-imperialista, continuador del Consenso de Washington y de todas las políticas e imposiciones del Fondo Monetario Internacional y defensor del Tratado de Libre Comercio con EEUU, por lo cual también es causante, junto a los gobiernos anteriores, de la profunda crisis económica, social y política que padecen los colombianos. A los bonzos sindicales solo les interesa “vivir sabroso”.
Con la entrega –en cuerpo y alma– de los bonzos sindicales a Petro, el sindicalismo perdió movilización, defensa de los derechos de los trabajadores y de la población, la autonomía para deliberar y decidir, además de la tolerancia para escuchar a quienes no comparten su petrismo. Los bonzos generaron el más profundo sectarismo y no permiten que todos los sectores que representan a los afiliados de sus organizaciones se puedan expresar a lo interno, como sucedió en los foros de la Central Unitaria de Trabajadores, en la cual solo participa quien aplaude a Petro. Así sucedió con Jorge Robledo y Sergio Fajardo, a quienes les impidieron intervenir, actitud sectaria defendida por una mayoría en su Comité Ejecutivo.
¡Solo la unidad, independencia, autonomía, democracia y pluralismo garantizan la fortaleza del sindicalismo!






