Colombia está gastando miles de millones de dólares importando gas y combustibles mientras tiene recursos y capacidad para producir una mayor parte en el país. Ecopetrol debe volver a invertir en exploración, producción y refinación.
La negativa a firmar nuevos contratos de exploración, desarrollar los yacimientos descubiertos, invertir en mantenimiento de pozos y mejorar el recobro hizo que la producción de gas natural, crudo y refinados retrocediera de tal manera que se están importando el 30% de las necesidades de gas y el 35% de las gasolinas. Las refinerías, además, no cuentan con la proporción de crudos livianos que exige su diseño operativo.
El valor de las importaciones para cubrir la demanda interna alcanzó en 2025 la suma de 5.600 millones de dólares, según datos del Ministerio de Comercio.
Con el anuncio de un fenómeno de El Niño aumentará la demanda de gas para las termoeléctricas y, con ello, la competencia con los requerimientos para uso doméstico y vehicular, además de la incidencia de los altos costos del gas importado, cuyo promedio, a junio de 2026, en puerto de Cartagena, fue de 15,86 dólares por millón de pies cúbicos.

Al respecto, la Unión Sindical Obrera, USO, varios voceros de la industria como CAMPETROL, la ACP, NATURGAS, la Escuela de Ingeniería de Petróleos de la UIS, la Asociación de Amigos de Ecopetrol, exfuncionarios de la industria y expertos de la energía prendieron las alarmas por la caída evidente de las reservas y producción de gas, el estancamiento de las de crudo y el escandaloso retroceso en las utilidades de Ecopetrol.
Afloraron las consecuencias de una política aventurera que satanizó la actividad petrolera, metió a Ecopetrol en proyectos de energía solar y eólica, irrentables y abandonados por multinacionales, y en inversiones ajenas a su condición de petrolera como la transmisión eléctrica.
Mientras tanto, se recortaron las inversiones en mantenimiento y recobro de sus campos, ampliación y modernización de las refinerías y se retardó de manera irresponsable el desarrollo de los yacimientos descubiertos en el Bloque Tayrona, que se calcula pueden producir 400 MPCD de gas y, de esta manera, evitar la importación que hoy se hace de EE. UU. y Trinidad por más de 300 MPCD. Preocupa que la cantidad exagerada de consultas previas, terminen provocando más retraso en el desarrollo de los pozos Sirius l y Sirius 2 y en consecuencia se prolongue nuestra condición de importadores de Gas Natural.

La Unión Sindical Obrera tiene razón al exigir suficiente inversión para exploración, producción, refinación y transporte por parte de Ecopetrol. Su rol principal deben ser los hidrocarburos.
Es innegable que Gustavo Petro debilitó sustancialmente a Ecopetrol y a la industria petrolera nacional, con la promesa incumplida de hacer una transición energética express hacia fuentes de energía más limpias.
Al final, solo hubo unos pequeños avances en generación solar, ninguno en eólica y se hizo pura especulación y demagogia con la geotérmica. La canasta energética del país, según la UPME, sigue siendo la misma de las últimas décadas: petróleo 41-43%, gas natural 20-23%, carbón 10-14%, hidroelectricidad 10%, biomasa, leña y otras, menos de 10%. La composición de las fuentes de energía no cambió.
Todo este daño se hizo con conocimiento del gobierno, la Presidencia y la Junta Directiva de Ecopetrol.

Por eso, cuando directivos de la USO, presididos por César Loza y luego por Martín Ravelo, le exigieron al gobierno de Gustavo Petro rectificar la política petrolera nacional, recibieron el respaldo de importantes sectores de la sociedad, empezando por los trabajadores, técnicos y profesionales de la industria.
El gobierno hizo caso omiso de los justos reclamos de los sindicalistas, muy a pesar del apoyo económico y político que le dieron en la campaña de 2022.
Con el gobierno de Donald Trump abalanzado sobre los recursos energéticos y naturales del Continente, como lo denota el raponazo al petróleo y a la soberanía de Venezuela, y un Abelardo de La Espriella que se proclama afín a sus políticas, recobra vigencia la defensa de Ecopetrol y de la seguridad energética nacional como tareas de primer orden.
Toca exigir la firma de nuevos contratos de exploración, desarrollar con urgencia los pozos de gas del Bloque Tayrona en aguas del mar Caribe, hacer mantenimiento a los campos de producción y mejorar el recobro, y ampliar y modernizar las refinerías para evitar importaciones de gasolina y futuras de ACPM y combustible de aviación.
Debe darse una mayor y más ilustrada discusión sobre la conveniencia de hacer fracking, para lo que hay aprobado hacer unos pilotos que darán luces.
También es necesario discutir la pertinencia de las inversiones en exploración en Brasil, cuando esos recursos se requieren con urgencia para financiar los correctivos anteriormente señalados.
Y no menos importante, exigir que la presidencia de Ecopetrol recaiga en una persona con conocimiento en energía y petróleo, con idoneidad para el cargo, y que se descarte el acostumbrado pago de favores políticos y de campaña del mandatario de turno.
A la dirigencia de la USO y de la CUT les toca estar a la cabeza de estas reivindicaciones nacionales y, con autonomía e independencia, apoyarse en la movilización organizada y civilista para defender la soberanía energética y el patrimonio y esfuerzo de los colombianos, representados en Ecopetrol.




