Es innegable el importante valor que tienen las encuestas electorales cuando se hacen
con rigor científico, para medir diferentes circunstancias de los candidatos, especialmente su favorabilidad ante los sufragantes. Pero las encuestas electorales son solo una herramienta que arroja unos resultados estadísticos dentro del proceso electoral, y depende de quiénes las financien y el objetivo que persigan. En ese sentido pueden ser manipuladas para obtener el objetivo propuesto. Por lo tanto, el valor de tales encuestas electorales depende de si verdaderamente logran convertir los datos cualitativos de los candidatos en datos cuantitativos, en un momento determinado.
Esa conversión de los datos se obtiene básicamente por el tipo y la extensión de la muestra, la cual va a representar a millones de votantes; es por eso que solo sería válida si lograra que todos los que participan en la elección tuvieran la misma posibilidad de ser encuestados. Además, las respuestas de la muestra dependen también del estado emocional de los encuestados, condicionado por los diversos hechos que se han dado a conocer, en los cuales tengan participación los candidatos. Es ahí en donde son fundamentales los medios de comunicación, y el poder económico y político de los candidatos que serían favorecidos. Aquí también son determinantes los intereses de los medios, para lo cual “lanzan globos” y hacen crecer determinadas candidaturas: “Nació una nueva estrella de la política”, dijo Caracol radio cuando, después de la consulta que ganó Iván Duque, lo enaltecieron con miles de pergaminos.
¿Por qué en los procesos electorales generalmente no ganan los candidatos mejor preparados, más coherentes, incorruptibles y que han demostrado que saben gobernar? Eso le pasó en procesos anteriores al único candidato, que, en el actual proceso, tiene el Centro Político de Colombia, Sergio Fajardo. Siempre comenzó con altos niveles de aceptación y favorabilidad entre la población, pero el gran poder económico de los dos extremos –uribismo y petrismo– se ha encargado de unirlos para hacer desaparecer la opción de ese Centro Político, en beneficio de sus candidatos que coinciden en aplicar el recetario económico neoliberal; es decir, manipulan a la población para que acepten el continuismo, o sea, “más de lo mismo”. En eso los extremos se juntan, lo único que los distingue es la forma y la demagogia para hacerse elegir.
Sergio Fajardo es de lejos el mejor candidato para ser elegido presidente de Colombia el próximo 31 de mayo de 2026. El dilema es sencillo: si los colombianos quieren que siga todo igual, ahí tienen a los que las encuestas ubican como favoritos. Ellos coinciden en el neoliberalismo, el favorecimiento a los poderosos, y le otorgan las garantías a las corporaciones, multinacionales y al capital financiero tanto nacional como transnacional, por lo tanto, representan esos intereses y se apartan de la defensa de los intereses nacionales, incluida su soberanía y autodeterminación. Pero si quieren que el país tenga un cambio serio, responsable, con decencia, que controle la violencia, pero además con la experiencia y honestidad de haber gobernado bien, tienen que apartarse de la coyunda impuesta por las encuestas y votar por esa mejor opción de Sergio Fajardo y dar la sorpresa en la primera vuelta. Lo escribió Vladdo: “Encuestas o experiencia: Usted verá”. ¡Por el bien de Colombia, hay que hacer fallar las encuestas!






