Irán ha resistido y sigue resistiendo el ataque directo de Estados Unidos e Israel, que incluyó el asesinato de Alí Jamenéi, líder supremo de la Revolución Islámica.
Cuando se esperaba que, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el gobierno de Colombia emitiera una declaración de firme condena a la agresión, lo que hizo fue presentar una declaración vaga sobre la violación del Derecho Internacional. Y mientras no hizo ninguna alusión al hecho concreto de la agresión, sí se solidarizó con las monarquías alineadas con Washington en Oriente Medio, las que albergan bases militares norteamericanas, reafirmando la subordinación política de Gustavo Petro frente a Estados Unidos, la misma que han mantenido casi todos los gobiernos colombianos desde comienzos del siglo XX.
La agresión imperialista contra Irán
En anterior nota de La Tribuna (febrero, 2026), señalaba que los intereses hegemónicos de Estados Unidos e Israel en Medio Oriente tropezaban con la resistencia de Irán, el único país con una posición decisivamente antiimperialista en la región, que no solo defiende su soberanía sino que además rechaza la expansión colonial de Israel en Palestina, con toda su secuela de apartheid, limpieza étnica y genocidio. Es la razón por la que Israel quiere deshacerse del gobierno iraní, para imponer uno lacayo a sus intereses hegemónicos.
Estados Unidos e Israel han contado con el apoyo de sus monarquías vasallas en Oriente Medio. Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Jordania y Kuwait, han sido sobornadas por los intereses imperiales de Occidente y obligadas a albergar bases militares norteamericanas, todas apuntando a Irán.
Posición oficial de Colombia
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, reunido con urgencia ante el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, cuenta este año con la presencia de Colombia como miembro no permanente. No es motivo de orgullo, porque la delegación diplomática en ningún momento ha condenado la agresión, que viola el Derecho Internacional. Por el contrario, la embajadora interpretó el Derecho Internacional en forma amañada condenando toda acción militar, “venga de quien venga”, pero además se solidarizó con los países que albergan bases norteamericanas en la región, cuyo fin es atacar a Irán.
Cuando se trata de preservar el Derecho Internacional consagrado en la Carta de las Naciones Unidas, se está apoyando la autodeterminación soberana de las naciones, por lo que se requiere que una intervención diplomática en la ONU en defensa de ese principio fundamental sea firme y sin ambages. Pero si se observa bien, la intervención colombiana, pareció repetir las mentiras que esgrimen Donald Trump y Benjamín Netanyahu cuando tratan de justificar la aleve agresión contra la soberanía del país persa, responsabilizándolo de provocarla.
Como bien lo señala el analista geopolítico norteamericano, Jeffrey Sachs, exembajador en la ONU, la posición de Colombia acompañó a la de Estados Unidos y otros seis miembros que “culparon a Irán por haber sido atacado”. Sachs es muy preciso cuando dice: “Si Estados Unidos tiene una base militar en tu país, sigue la línea propagandística de Estados Unidos”, precisamente lo que está haciendo al pie de la letra Colombia al conceder a Estados Unidos, como dice Sachs, “derechos militares sobre bases locales”. Y continúa: “Esos países esencialmente culparon a Irán porque son vasallos de Estados Unidos”
Así, nuevamente, el gobierno de Petro revela su verdadera naturaleza, siempre sumiso a los intereses imperialistas de Washington. Nuestro país ha tenido y tiene bases castrenses con presencia militar estadounidense. Washington pretexta la lucha contra el narcotráfico, pero en realidad son bases estratégicas para lograr lo propuesto por el corolario Trump de la Doctrina Monroe: “América para los norteamericanos”.
La prueba está en que Colombia es “socio global” no miembro de la OTAN, el bloque militar dirigido por Estados Unidos para agredir a los países que no se someten a sus designios. Petro ha mantenido esa condición de Estado vasallo, la misma que ha ratificado su delegación diplomática al responsabilizar a Irán de su propia agresión y no a Estados Unidos e Israel y por haber atacado a los países del Golfo. Irán no atacó a esos países, sino las bases militares norteamericanas y de la CIA.
¿Qué pasa ahora en Oriente Medio?
Cuando Estados Unidos e Israel esperaban que, ante el asesinato del Líder Supremo, el pueblo de Irán saliera a las calles a festejar, lo que en realidad está sucediendo es que invade las calles para manifestar su dolor y su repudio. El crimen del jefe religioso y político ha unido a los iraníes en defensa de su soberanía y su milenaria civilización. Y ante la respuesta misilística de Irán contra las bases norteamericanas e israelíes, los países agresores solo responden destruyendo escuelas, hospitales y centros de divulgación periodística. Israel y Estados Unidos están trasladando a Irán el genocidio de Gaza.
Sobre el futuro de la guerra, muchos analistas y expertos militares norteamericanos, críticos del gobierno, coinciden en pronosticar que, ante la imprevisión y la falta de estrategia de Estados Unidos, la confrontación no puede resolverse positivamente para el imperio. Una guerra rápida y arrasadora contra Irán no es lo que está sucediendo, debido a la fuerte resistencia unificada del país agredido. Los agresores no lograron decapitar al régimen y ahora parece que se va a desarrollar una larga guerra de desgaste, para la cual ni Estados Unidos ni Israel están preparados. Ya Irán bloqueó el Estrecho de Ormuz y está ocasionando una debacle en los precios del petróleo. Podría incluso desatar una crisis financiera.
Irán seguirá resistiendo, como ha resistido siempre, y derrotará a los agresores.









