En sus largos 40 meses de Gobierno, el presidente Gustavo Petro “peló el cobre”, puesto que dejó en claro que una cosa era el candidato y otra muy distinta el presidente. La absoluta incoherencia entre lo que predica y lo que practica ha quedado develada ante los ojos de los colombianos, que paso a paso se han venido desilusionando como sucede con los encantadores de serpientes, que perecen inoculados por el veneno. Y un tema que aterriza en la realidad a sus seguidores y deja más patente la verdadera intención del presidente Petro tiene que ver con los impuestos. El presidente resultó ser un terrible alcabalero politiquero –con 500.000 OPS en campaña electoral– al servicio del capital financiero transnacional, al que prometió combatir.
En el plano económico, el Pacto Histórico y el ilusionista Gustavo Petro prometieron, desde cambiar el modelo neoliberal, que ni han tocado, hasta hacer que los impuestos recayeran en las 4000 “mega-ricos”. Pero el pasado 12 de noviembre, ante un post en X del diario La República que afirmó: “el Grupo Aval reportó resultados financieros con corte al tercer trimestre del año, en los que consolidó una utilidad de $1,3 billones… un incremento de 87,7 %…”, el presidente Petro trinó: “Los más ricos se han hecho el doble de ricos en mi gobierno, situación que debería mejorar las finanzas públicas…”. Está claro que el modelo económico neoliberal se impuso pensado en fortalecer al sistema financiero, a las multinacionales y a los grupos monopólicos; en este modelo se descargan los impuestos sobre las clases media y pobre especialmente. Por lo tanto, las promesas del presidente Petro y su Pacto Histórico hacen parte de la gran mentira de su estrategia electoral y politiquera.
El Gobierno Petro ha golpeado tan duro a la población como lo hicieron los gobiernos neoliberales, de cuyo modelo es un continuador: Mantuvo los carísimos peajes en las carreteras del país; es el gobierno que más aumentó los combustibles, con la complicidad de sus bonzos sindicales, al recibir la gasolina en un precio de $9300 y aumentarla a más de $16.000 el galón, golpeando a la base productiva y social. Presentó 3 reformas Tributarias, una que le aprobaron en 2022 y dos rechazadas por el Congreso en 2023 y en 2025; también declaró Emergencia Económica parciales para La Goajira y El Catatumbo, ésta última logró recaudar $3 billones mediante una reforma tributaria por decreto que gravó a los juegos de azar y a algunas plataformas de internet.
A cada fiasco en El Congreso le siguió su amenaza de Emergencia Económica. El presidente Petro “declaró, mediante Decreto 1390, del 22 de diciembre de 2025, el Estado de Emergencia Económica y Social en todo el territorio nacional con el que espera recaudar los $16,3 billones”, los cuales pretende usufructuar durante las vacaciones de la Corte Constitucional que la declarará inconstitucional, porque no existen hechos sobrevivientes que ameriten aplicar dicha figura constitucional. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, le dijo a la junta directiva del Banco de la República: “…a través de la emergencia económica, y los decretos reglamentarios, se toman las medidas tributarias para compensar los dineros faltantes”. Esa reforma vía decretos ampliará la base gravable, ajustará el impuesto de renta, baja las exenciones; grava la economía digital, impone IVA a servicios digitales, sube el IVA al turismo y al 19 % a los combustibles y a bebidas azucaradas, cigarrillos y licores, además de un Impuesto de normalización a activos no declarados, entre otros. ¡Pacto Histórico: aplaude!






